¿Cómo se combate el negacionismo? Con arte, memoria y verdad. En Concordia, una serie de presentaciones de libros, charlas y documentales están reconstruyendo la historia que algunos prefieren enterrar. No son eventos académicos fríos: son conmociones compartidas que despiertan a una ciudad entera.
El 1 de abril, en el marco de los 50 años del golpe, se presentó en la UNER el libro “Volver a las casas alpinas” de Alfredo Hoffman. El relato reconstruye una parte fundamental de la historia concordiense: la década del 70, las inundaciones, la militancia, los curas del Tercer Mundo como el padre Servín y el padre Temón, el proyecto solidario de viviendas alpinas en el barrio Pancho Ramírez. Y después, el horror: la persecución de la Triple A, el golpe, los compañeros detenidos, secuestrados, torturados, desaparecidos.
“El libro no puede dejar de leerse”, dice quien lo reseña. Y tiene razón: rescata una historia sumergida que es memoria e identidad colectiva, pero también futuro que debe construirse con los ideales de una generación que luchó por un mundo más justo. Una generación que no por casualidad fue diezmada por el terrorismo de Estado.
La fiscal Minatta también puso lo suyo. En el Profesorado Superior de Ciencias Sociales, frente a 400 personas -muchos de ellos jóvenes-, derramó un torrente de datos inapelables sobre el genocidio en la región de Salto Grande. Palabras “demoledoras del negacionismo”, contundentes, necesarias en tiempos donde algunos gobiernos empujan a la desmemoria.
Pero el momento más fuerte llegó el 1 de mayo en Pueblo Viejo: la presentación del documental “Pasó en el Delta”, realizado por Producciones del Sur del Sur. A sala llena, con la presencia de sus protagonistas, el filme descubre el horror de los vuelos de la muerte en Villa Paranacito durante la dictadura. Un acontecimiento macabro, comparable al nazismo, que quiso ser presa del olvido.
El documental volverá a proyectarse el jueves 7 de mayo a las 21.30 en Pueblo Viejo. Una nueva oportunidad para que el público acceda a este trabajo extraordinario que, como el libro de Hoffman y las palabras de Minatta, construye memoria desde el arte y la sensibilidad.
Porque la memoria no es solo pasado: es brújula de pañuelos blancos, proyecto, camino posible. Y en Concordia, esa brújula está señalando el norte con una claridad que incomoda a más de uno.
Con informacion de: Diario Junio.