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El general Paz, gobernador de Entre Ríos por 15 días

El general Paz, estratega y organizador militar.

En un hecho poco conocido, un general tildado de “unitario” por el revisionismo histórico declaró “la libre navegación de los ríos interiores”, un largo anhelo del ideario federal por el que lucharon y murieron ―primero Ramírez― y luego Urquiza.

Wendel Gietz

Especial para EL DIARIO

El general José María Paz, nacido en Córdoba, era un brillante estratega. Había acompañado a Belgrano en el Ejército del Norte, donde recibió graves heridas que le inutilizaron un brazo, quedándole como apodo “el Manco Paz”.        Al regreso de la guerra con el Brasil en 1828 se involucró rápidamente en las contiendas políticas internas.  Se hizo del poder en su provincia y fue el jefe supremo militar durante diez años de la Liga del Interior, un aglutinamiento por espanto de las empobrecidas provincias del centro y noroeste argentino, diezmadas por la guerra de la independencia y privadas del flujo comercial con el Alto Perú.

Esta Liga levantó la bandera de la Organización Nacional y la protección de sus economías regionales, y se enfrentó a otra liga, que los historiadores llamaron la Liga Federal o del Litoral, que estaba sometida en mayor o menor medida al crecientemente influyente gobierno de Rosas. Una paradoja que señala con agudeza Isidoro Ruiz Moreno al referirse a la agrupación norteña como la “Liga del interior unitaria”: supuestos unitarios provincianos pugnando por la Organización Nacional bajo un régimen federal; y federales combatiéndolos, a instancias del poder centralista de Buenos Aires.

En mayo de 1831, Paz fue apresado por una partida de montoneros de los hermanos Reinafé y fue entregado prisionero a Estanislao López. Estuvo detenido cuatro años en Santa Fe y otros cuatro en Luján, en manos de Rosas.

En 1840 se fugó, pasó a Montevideo y de allí a Corrientes donde se puso al frente militarmente de una nueva alianza contra Rosas, liderada por el gobernador correntino Pedro Ferré. A esta alianza contra Buenos Aires se sumó el oriental Fructuoso Rivera, fundador del Partido Colorado y primer presidente constitucional del Uruguay.   

Haciendo uso de sus notables habilidades de organizador y conductor militar, el general Paz instruyó al ejército correntino, y en noviembre de 1841 derrotó completamente con una serie de brillantes maniobras al ejército federal entrerriano mandado por Pascual Echagüe en la batalla de Caaguazú.

La derrota hizo crujir el armado de poder político-territorial de Rosas, sustentado en una regla que habían seguido gobernadores, virreyes y los dirigentes posteriores a 1810. La fórmula era sencilla: puerto único de ultramar, aduana, y clausura de los ríos interiores. Ello sumado a la coerción con la que se garantizaba el acompañamiento sumiso ―y obligado― de sus aliados, los caudillos y gobernadores federales.

La libre navegación de los ríos interiores

El reclamo del litoral por la liberación para el comercio de los ríos interiores Paraná y Uruguay –“secuestrados” por Buenos Aires, al decir del historiador Aníbal Vázquez-, había sido constante.  Las reacciones de los líderes litorales, primero de Artigas y luego de López y Ramírez, presionaron sobre los intereses económicos de Buenos Aires, que culminaron en los tratados del Pilar y del Cuadrilátero de principios de la década del veinte del siglo XIX, cuyas estipulaciones sobre la libre navegación de los ríos duraron lo que la vida del Supremo Entrerriano o el poder de las armas de aquellos viejos federales.

En 1831, ya con Rosas en el poder y ante la amenaza del General Paz y la liga del Interior, las provincias litorales se unen a Buenos Aires mediante el Pacto Federal, uno de los “preexistentes” a que hace referencia el preámbulo de la Constitución. En materia de organización nacional, comercio y navegación, patean la pelota para adelante a un Congreso General Federativo que, por supuesto, nunca se reunió y todo siguió igual.

Un dato ilustra la desproporción de los ingresos anuales (en pesos fuertes) de algunas provincias frente a Buenos Aires hacia el año 1834: San Juan recauda $10.700; Tucumán, $21.000; Córdoba, $67.000; Corrientes, $133.000; Entre Ríos, $91.177. En el mismo período, Buenos Aires recaudó a través de su tarifa aduanera $4.800.000.    

El Manco Paz en la villa del Paraná

Luego de Caaguazú, Paz hizo su entrada en la “Bajada” (antiguo nombre de Paraná) el 4 de febrero de 1842. Según relata el propio General Paz en sus valiosísimas memorias, la población paranaense lo recibió con muestras de benevolencia, y la alta sociedad de la villa se presentó a saludarlo adornados con la divisa punzó, lo que denotaba la abierta adhesión a la causa “federal”. El hábil Paz no dijo nada, pero les hizo insinuar después que se la saquen por considerarla, no un emblema del federalismo, sino como un símbolo de “terror, opresión y sangre”, personificado en la figura del tirano Rosas.  

Ante la situación de acefalia política por la retirada de Urquiza a la isla del Tonelero, al norte de la actual ciudad de Ramallo, la Sala de Representantes de Entre Ríos designó como Gobernador provisorio a Pedro Pablo Seguí, amigo de Ferré. Y en la sesión del 20 de febrero de 1842, los mismos legisladores declararon la “libre navegación de los ríos Paraná y Uruguay”. Se trató de un acto de enorme trascendencia política y económica –aunque de brevísima vigencia-, que curiosamente ha pasado inadvertido, y que casi no es consignado por la historiografía, oficial o revisionista.  

Sobre las motivaciones de los integrantes de la Sala de Representantes para realizar semejante declaración, el propio Paz afirma con seguridad, que hubo una convicción de estar actuando contra el ruinoso status económico y político que Buenos Aires imponía a las provincias, y en especial a las del litoral.  

Finalmente, el 12 de marzo y ante el inestable estado de cosas, un oportunista Seguí se abrió, y Paz se vio obligado a asumir la gobernación, cargo que ostentó solo por dos semanas.

Insurrección y desavenencias

Durante esos quince días de caos y “mal ambiente” se multiplican las intrigas, las deserciones y el hostigamiento de montoneras urquicistas. Estallan las mezquindades entre los coaligados contra Rosas, y el vencedor de Caaguazú es obligado a abandonar apresuradamente la capital provincial el 27 de marzo para dirigirse a Nogoyá, y luego a Gualeguay. Nunca más pisará tierra entrerriana.

A principios de abril los partidarios de Urquiza, encabezados por el presidente de la Sala de Representantes el Dr. Francisco Álvarez “el Cura Álvarez”, retomaron el control total de la ciudad, e inmediatamente hizo su aparición en la Bajada el General Oribe, quien, con la patente de sicario otorgada por Rosas, dejó un tendal de paranaenses degollados por colaborar con los “salvajes unitarios”. 

La alianza de Paz, Ferré y Rivera de 1842 contra Rosas fue el último intento serio de derrocar el régimen centralista de Buenos Aires. Habrá que esperar diez años hasta la batalla de Caseros.

Recién el 3 de octubre de 1852 Urquiza, en su carácter de Director Provisorio de la Confederación Argentina, decretó que “la navegación de los ríos Paraná y Uruguay es permitida a todo buque mercante cualquiera sea su nacionalidad, procedencia y tonelaje”, y extendió el permiso a “los buques de guerra de las naciones amigas”.

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