jueves , 25 abril 2024
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El mundo del circo, un camino para crecer y vivir

“Desde el instante que ví las telas por primera vez, tuve la seguridad que eso era lo que quería para mi vida”, confía Julieta sobre su vinculación inicial con el mundo de la acrobacia en tela.
Julieta Zalazar y Emanuel “Chema” Alassia, coinciden que el circo y sus múltiples posibilidades permite cambiar la vida de las personas y dan un camino de crecimiento profesional y humano.
Mágica, fascinante, multicolor son adjetivos apropiados para la actividad circense. Pero para lograr lo que el público aprecia y disfruta, hay que sumar estudio y disciplina. Lo que supone un intenso trabajo formativo y mucha curiosidad. Esas y otras dimensiones de este universo fueron abordados por Julieta Zalazar, acróbata en tela, y Emanuel Alassia, creador del payaso Cartoncito, en una entrevista con EL DIARIO.

Integrantes de lo que definen como “la primera camada de artistas de circo” de Paraná, que comenzó su formación en la búsqueda de profesionalizarse entre 2002 y 2004, Julieta Zalazar -artista y acróbata de altura- y Emanuel Alassia, creador del querible payaso Cartoncito, reconocen que el movimiento circense en la ciudad y la provincia “ha crecido muchísimo”.
En este sentido, ambos reconocen que los 20 años que los separan de aquel momento iniciático, no han pasado porque sí. “Conocí el mundo de las telas y la acrobacia en altura a partir de un encuentro casual con María José Pacayut. Desde el instante que la ví trabajando con las telas, tuve la seguridad que eso era lo que quería para mi vida”, confía Julieta sobre su vinculación inicial con este mundo. Para la artista, nacida en Paraná, ese encuentro con la actividad fue amor a primera vista.
Para Emanuel las cosas fueron distintas. Desde Morón, en Buenos Aires, recorrió diversos lugares del país hasta que recaló en Oro Verde y comenzó una carrera universitaria. Sin embargo, por las sorpresas que la vida tiene para el destino de las personas, un encuentro con un taller de actuación y el descubrimiento de otro mundo, lo capturó plenamente. Al punto que comenzó un camino de formación que lo llevó hasta Rosario, punto de convergencia con Julieta.
“Empezamos a hacer cursos, a producir nuestros espectáculos, después nos sumamos a la Escuela en Santa Fe, que es una derivación de la Universidad de San Martín, de Buenos Aires. Y seguimos siempre con muchos cursos con artistas que nos gustan y de los que queremos aprender de clown, de bufón, de melodrama, de danza. Tratamos de asistir para sacar las herramientas que nos ayudan a crecer en esto”, cuenta Emanuel.
Desde entonces, movilizados por la curiosidad, las ganas de aprender y de profesionalizarse de manera de poder vivir dignamente de trabajar de lo que les gusta hacer, ambos han visitado distintos festivales del país y naciones vecinas. Hoy, con un presente que los encuentra consolidados en esta labor, dieron un paso más y este fin de semana –junto a otros integrantes de un equipo- son organizadores del Primer Festival de Circo de Entre Ríos, que se realiza en Paraná.
“Tenemos que ser súper cuidadosos y sostener estos espacios, porque tienen un gran potencial a futuro. Además son espacios en los que El impacto que podés generar en una persona, en un niño, es muy grande. Es decir mostrarle que esto es otra forma de vivir, y otro oficio”, sostiene Emanuel. Y Julieta subraya, contundente: “A mí me paso que encontrarme con el circo me cambió la vida. Te cambia la vida, sí. Está bueno”.

Argentina está muy bien posicionada con la calidad de artista de circo. En general están bien vistos. Hay muy buenos y el humor argentino es valorado mucho en el extranjero



LO MEGA Y LO MICRO

Como la mayor parte de sus colegas, Julieta y Emanuel trabajan de modo independiente y autogestionario. Desde ese lugar reflexionan sobre otras dimensiones del universo circense y al analizar mega producciones como el Cirque du Soleil coinciden que “también es parte del mundo del circo. Aunque son diferentes aspectos. Esa es una mega empresa, con espectáculos de primerísimo nivel y un estándar que hay que cumplir”. Pero, acotan “hay otros espectáculos de la misma calidad o más alta que se hacen en teatros o en festivales de calle”.
Ambos coinciden que “Argentina está muy bien posicionada con la calidad de artista de circo. En general están bien vistos. Hay muy buenos y el humor argentino es valorado mucho en el extranjero.”.
El avance tiene relación directa y el contacto de los centros de formación más importantes en el país –dos en Buenos Aires y uno en Rosario- y los lazos que mantienen con la Escuela Esacto´Lido, de Francia; o con la Escuela Carampa, de Madrid (España).
En esa perspectiva, para Julieta, “son fundamentales los festivales, las convenciones de circo. En esos encuentros de tres días en un predio con artistas de circo, con seminarios, cursos, se da la oportunidad de aprender, aprender, aprender.”
Ahora, reconoce Emanuel “con las redes y los medios virtuales te bajás un video y tenés todos los detalles”. Y si bien acepta que “no es lo mismo el entrenamiento virtual que el presencial”, reconoce que las redes han elevado las posibilidades de incorporar conocimientos.

BASES

-Emanuel ¿Qué es necesario tener para ser un buen artista de circo?

-No sé si específicamente hay que tener algo. Creo que uno se construye durante la formación. Y si esto realmente te apasiona, vas a buscar permanentemente cosas para formarte. Eso es lo que te va a hacer crecer. Nosotros somos súper curiosos, nunca estamos conformes. Por eso nos gusta traer artistas, y poder compartir lo que saben. En algún momento llega un punto en que has hecho un recorrido largo, y eso es lo que te forma y te pone en un lugar copado. No hay que tener un don. Podés tener facilidades, o darte cuenta que algo te cuesta menos esfuerzo que otras personas. Pero si en paralelo no entrenás, no estudias a referentes en lo que haces, si no lees, si no ves gags clásicos, es difícil que puedas llegar muy lejos. Por ejemplo, por más vueltas que le des, todos volvemos a Chaplin, porque fue muy bueno. Y a Buster Keaton. Ellos hicieron todo, querramos asumirlo o no. Ahí tenemos unas bases fuertes donde consultar y basarnos. Después es entrenamiento. Un cuerpo entrenado tiene una plasticidad en escena, lo cual te va a permitir caerte, pararte, reírte, respirar y mostrar una espalda que se mueve, detalles que marcan la diferencia y que se logran con el entrenamiento y el tiempo.

-Julieta ¿Cómo es la rutina de trabajo de una persona que hace circo?

-Bueno, yo soy acrobata, él es payaso, y tenemos disciplinas diferentes. Pero como él, lo mío es entrenar todos los días. Agunos será más, otros menos, dependiendo de la energía. Pero la clave es la constancia. Entrenar todos los días. Además, como somos personas inquietas, curiosas y todo el tiempo estamos buscando, moviéndonos porque nos aburrimos con facilidad. Entonces si un día no entrenás, siempre estás buscando algo, la curiosidad te lleva a otros lugares a través de videos, charlas. La idea es estar en ese movimiento permanente, ya sea de la cabeza o del cuerpo. Y dar vía libre a la curiosidad. Creo que esa rutina de trabajo se mueve en la relación entre cabeza y cuerpo. Nosotros cuando hicimos la escuela teníamos jornadas intensivas de tres días seguidos, de 8, 12, 14 horas de entrenamiento físico fuerte. Recuerdo que terminábamos el tercer día de trabajo y no podíamos sentarnos de los dolores corporales. Pero a la vez era placentero, porque después vos querías pegar un salto y tu cuerpo reaccionaba. Ahí empezás a entender los “por qués” de un cuerpo disponible, sobre todo en lo acrobático. Lo mismo vale en el humor, cuando tenés que encontrar lo que es un chiste, el punto y el contrapunto; la reacción si estás haciendo un chiste solo, si estás en un dúo, en un trío. Eso también se estudia. Todo se estudia. Y es como cualquier otro trabajo: podés ser un chanta, por así decirlo y decir qué hacés y en realidad no hacés nada; o si tenés curiosidad podés profesionalizarte y destacarte.


La cocina del espectáculo

-¿Cómo se gesta y nace una rutina que ustedes van a presentar al público en el escenario?

Emanuel: – No sé muy bien. Hay ideas que tienen a veces diez años. Tengo mi libretita para anotaras. Y después, a veces, cuando me surge algo… A veces en la vida cotidiana digo: “Ah, mirá, esto encuadra un poco en lo que me imagino. Y después se va a definir el qué. Una vez que tenés el qué decir, es donde entra toda la técnica. Por ejemplo, te decís esto lo voy a hacer en este ritmo; esto es hablado; esto no. O esto lo voy a demostrar a través de un malabar. O voy a decir lo mismo, pero en vez de la palabra, con una acrobacia. Y ahí lo empezás a producir. Algunas situaciones llegan solas. Otras buscan una visión externa, ya sea de un director, o un asistente. Y después es como tirarse a nadar.

Julieta: -Hacemos cosas que son pura expresión. Después es el público quien decide qué ver o no. En resumen, todo empieza como algo chiquito en tu cabeza que simplemente visualizás. Y después está el trabajo de llevarlo al espacio y que la gente lo pueda entender. Transmitir ese proceso a mis colegas, a mis alumnos, o a la gente con la que quiero trabajar, implica una transformación inmensa. A veces, al principio de un proceso, uno piensa que no va a poder comunicarse, pero después termina siendo algo súper expresivo.

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