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Las campanas de justicia que Hemingway hizo tañer

La adaptación cinematográfica de Hemingway se estrenó en España 35 años después.

Exponente de los artistas comprometidos con su tiempo, Ernest Hemingway mezcló el oficio periodístico con la dimensión política de su deseo de justicia. Esa combinación hizo combustión en Por quién doblan las campanas, una novela llevada al cine que refleja el drama de la Guerra Civil Española. 

Hemingway es un apellido que por distintos motivos ha quedado asociado al grupo de intelectuales que, mientras producía su obra ejercía un compromiso político con su tiempo; pero como ocurre con muchos otros casos, la familiaridad de su nombre no se corresponde con el hecho de que siga siendo leído. Puede que esa popularidad que lo rodea se corresponda con el hecho de que la vida de Hemingway parecía la de uno de sus personajes: su historia pudo haber animado cualquier película. Por eso tiene sentido regresar sobre él y su obra para intentar una caracterización. 

Desde principio de la década del ‘20 del siglo pasado, Ernest Hemingway (1899-1961) mantuvo una relación intensa y permanente con el pueblo español, con sus costumbres y su realidad social y política. 

Fiel representante de la época que le tocó en suerte, le fascinaba -entre otras cosas- la tauromanía y, en virtud de ello, en sus visitas a España participó de numerosas corridas de toros. Por ejemplo, la experiencia de Hemingway en Pamplona, fue volcada tanto en su primer y consagratorio libro, Fiesta, como en Muerte en la tarde.

Además, Hemingway se involucró con los conflictos bélicos del siglo pasado, tal vez como ningún otro escritor estadounidense. 

Participó activamente de la Primera Guerra Mundial, a pesar de que había sido exceptuado de formar parte de las fuerzas norteamericanas por su mala visión. Se sumó a una convocatoria de la Cruz Roja y fue chofer de ambulancias en Italia. Redactó comunicados desde los mismos frentes de batalla. Volcó estas vivencias en la formidable novela Adiós a las armas (1929). 

Testigo

Pero la conexión con España se perfeccionó a partir de la 

Guerra Civil Española. En 1937, respondiendo a su vocación de periodista, llegó como corresponsal de una agencia de noticias norteamericana. Una vez allí se sumó como guionista al proyecto del director de cine holandés Joris Ivens (1898- 1989) que rodaba la película Tierra de España. 

En su afán por documentar la realidad, Hemingway se vinculó también con el famoso fotógrafo Robert Capa (1913-1954), apareciendo en muchas de las fotografías, algunas emblemáticas, que plasmaron el horror de esa guerra fratricida. 

Robert Capa es el autor de una famosa imagen del periodismo de guerra, titulada Muerte de un miliciano, que captó el momento exacto en que un republicano es asesinado de un disparo en la cabeza.

Apenas arribó a España, Hemingway se involucró con la causa republicana, compromiso que le valió numerosas críticas, pero lo hizo porque -dijo- “no tenía más partido que un profundo interés y amor por la República. Políticamente yo estuve siempre del lado de la República desde el día en que fue declarada y desde mucho tiempo antes”. 

Por cierto, el escritor se mantuvo cerca de las escaramuzas bélicas y fue uno de los últimos cronistas en abandonar la zona donde se llevó a cabo la Batalla del Ebro, la que se libró hasta la destrucción casi total de la localidad de Tortosa en la provincia de Tarragona, Cataluña.

Esa posición y el desencanto que le produjo la derrota del bando republicano lo llevó a redactar la novela Por quién doblan las campanas, que habla de un profesor universitario norteamericano, Robert Jordan, que se había incorporado como voluntario a la Brigada Internacional, un grupo de arriesgados que intentaba defender la República frente a la avanzada franquista. La trama se desarrolla en tres días. El marco referencial es mayo de 1937, en los alrededores de Segovia. El personaje de la novela se involucra con un grupo de guerrilleros que estaban en la Sierra de Guadarrama. 

Jordan era especialista en explosivos y debía hacer volar un puente para evitar el avance del ejército franquista. Finalmente, cae herido y su acción lo convierte en héroe. 

Giros

La virtud de Hemingway en Por quién doblan las campanas, radica en el uso de un lenguaje ágil y asequible, que le sirve para trasmitir la tragedia de una guerra, el valor y la entereza de quien defiende ideales y la resistencia de un grupo de guerrilleros frente a un ejército tradicional, incorporando una breve historia de amor. Al título Hemingway lo tomó de Meditación XVII, un poema de 1624 del inglés John Donne (1572-1631). Allí dice que “la muerte de cualquier hombre me disminuye porque estoy ligado a la humanidad; por consiguiente, nunca hagas preguntas por quién doblan las campanas: doblan por ti”. 

El sentido metafísico del poema refuerza el concepto humanitario que le quiso conceder Hemingway a su historia, en el marco del desquicio que supone una guerra, al focalizar la preocupación por la vida, transmitiendo la valoración colectiva de la condición humana.

El 14 de julio de 1943 se estrenó la película homónima del libro de Hemingway en Nueva York dirigida por Sam Wood e interpretada por Cary Grant, Ingrid Bergman, Katina Paxinoux, Akim Tamiroff y el mexicano Arturo de Córdova. Por la proximidad con la guerra civil, en el reparto casi no hay actores españoles. En cambio, se recurrió a actores griegos y rusos. La música de Víctor Young y la fotografía de Ray Rennahan sumaron realismo a un guion en el que participó el propio Hemingway.

Los memoriosos recordarán que hubo una campaña para que no se realice el filme. Regía en Estados Unidos el código Hays con su carga de censura y oscurantismo. Francisco 

Franco (1892-1975) gestionó personalmente para que no se concrete el proyecto fílmico. Se justificaba la oposición a la realización de película por el hecho de que inmiscuía en la política de otro país y reflejaba una relación amorosa entre los protagonistas. La verdad es que molestaba el posicionamiento de Hemingway en la novela en la que se basó el guion de la película. 

Por otro lado, una serie de desavenencias entre los productores y aquellos primeros convocados al proyecto lo demoraron.

La animadversión que generó la obra hizo que, treinta y cinco años después de su estreno, el 13 de julio de 1978, haya podido exhibirse en España Por quién doblan las campanas. Dos años antes había muerto Franco. El antifascismo de la novela y la película y la mirada solidaria y humana de Hemingway le han dado relieve a la obra.

Siempre es necesario, y hoy, tal vez, con mayor firmeza, rescatar el sentido del poema que da título a la novela, y valorar que la pérdida de la vida de un hombre involucra a cada uno, y que cada muerte es la muerte de todos.

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