La OSER volvió a encender la alarma en el Estado entrerriano: la FEMER anunció el corte del servicio de internación para afiliados, y con eso se instala de golpe el viejo dilema entre centralismo y federalismo.
La OSER reúne a agentes provinciales y municipales, desde policía hasta educación. El cambio de IOSPER a la nueva obra social se presentó como un saneamiento, pero la crítica opositora siempre apuntó a la gestión compartida con el gobierno.
El golpe llegó cuando FEMER anunció el corte de internación. Eso genera angustia en los agentes estatales y presiona de nuevo al sistema público de salud, que ya venía exigido por causas conocidas.
Uno de los objetivos de la OSER era «fomentar la libre competencia». Llamativamente, muchos proveedores locales fueron desplazados por empresas de Buenos Aires, a precios superiores o con sospechosos sobreprecios.
El mismo patrón aparece en los comedores escolares. El sistema de compras históricamente local fue reemplazado por Teknofood S.A., de Buenos Aires, que recibió el mercado alimenticio escolar por $101.726.784.000. Hoy el tema está en proceso judicial por la intervención de padres y AGMER.
Para muchos, estos casos no son anécdotas: son el posicionamiento político de la gobernación. A Frigerio, apodado por muchos «el porteñito», se lo señala por un alineamiento claro con el poder central, sin beneficios sustanciales para la provincia que justifiquen esa postura.
Uno de los pocos acuerdos logrados fue el traspaso de las construcciones abandonadas del Plan PRO.CRE.AR. La Nación entregó los bienes en proceso de construcción, no como donación, sino bajo el REOR. Frigerio los toma como reconocimiento de deudas que la Nación tenía con la provincia.
Entre Ríos se piensa como cuna del federalismo. Desde Artigas hasta López Jordán, la historia local está atravesada por la defensa de la autonomía provincial.
Ramírez, general de Artigas, se enfrentó por diferencias de gestión y en 1820 declaró la República de Entre Ríos, integrando Corrientes y parte de Misiones. En ese breve período dictó un reglamento provisional.
El dilema no es un anacronismo: o se sirve a los intereses de Buenos Aires, o se defiende la entrerrianía. La autonomía que hoy parece subsumida a los deseos del gobierno nacional vuelve a plantear la pregunta de fondo: ¿qué lugar ocupa la provincia en el tablero nacional?
En este relato, no hay descargo de la gobernación. El debate, en cambio, ya está en la calle: entre la angustia por la OSER y la memoria del federalismo, la provincia vuelve a discutir su sintonía con el centro.