Argentina le ganó a Inglaterra y está en la final del Mundial. El plantel festejó con una bandera que decía lo que millones piensan: “Las Malvinas son argentinas”. Y justo ahí, en ese momento de euforia colectiva, el presidente Javier Milei decidió bajar el tono.
El mandatario expresó su “alegría inmensa” por el triunfo y no escatimó elogios para el equipo dirigido por Lionel Scaloni. Dijo que Argentina “lo pasó por arriba” a Inglaterra y que el rendimiento fue ampliamente superior. También destacó al capitán Lionel Messi, a quien consideró que saldó una de las “materias pendientes” que se le atribuían con la Selección, especialmente por su participación decisiva en el segundo gol.
Pero cuando le preguntaron por el significado de ganarle justamente a Inglaterra, Milei cortó el hilo. En diálogo radial, pidió no vincular el resultado deportivo con el reclamo por las Islas Malvinas y fue contundente: “Es un partido de fútbol”. Luego fue más lejos y sostuvo que la recuperación de la soberanía “se logra con una diplomacia sabia y no con gestos de patrioterismo baratos”.
La declaración generó un contraste difícil de ignorar. Mientras el plantel argentino agitaba la bandera con la consigna soberana ante las cámaras del mundo, el jefe de Estado le ponía un freno a esa lectura desde Buenos Aires. Para Milei, los avances diplomáticos son el camino; los gestos populares, un exceso.
La final del Mundial se jugará el próximo domingo en Nueva York, ante España. Argentina buscará su segundo título consecutivo. Lo que cada uno ponga en ese partido, ya es otra discusión.