La plaza 25 de Mayo de Concordia volvió a ser el corazón de algo más grande que un partido de fútbol. Este miércoles por la noche, familias enteras, grupos de amigos y bocinas que no paraban se fundieron en una sola celebración: Argentina eliminó a Inglaterra y jugará la final del mundo el próximo domingo.
Pero nadie en Concordia —ni en ningún rincón del país— lo vivió como un resultado más. Frente a Inglaterra, el fútbol argentino siempre carga con algo que excede el marcador: la Guerra de Malvinas de 1982, la disputa por la soberanía de las islas, una historia de colonialismo que no se borra con los años. Cada vez que ambas selecciones se cruzan, esa historia vuelve a la superficie. Y este miércoles volvió con fuerza.
El partido estuvo al borde del drama. Anthony Gordon adelantó a los ingleses en el segundo tiempo y Argentina pareció tambalearse. Pero el equipo de Lionel Scaloni no se rindió. A los 85 minutos, Enzo Fernández empató el marcador. Y cuando el tiempo de descuento parecía llevar todo a los penales, apareció Lautaro Martínez: cabeceó un centro con la pierna derecha de Lionel Messi y selló el 2 a 1 que dejó a Argentina en la final.
La victoria inevitablemente trajo el recuerdo del 22 de junio de 1986, cuando Diego Armando Maradona escribió en el estadio Azteca de México dos goles que la historia no olvidó: «La Mano de Dios» y el «Gol del Siglo». A cuatro años de Malvinas, aquel triunfo fue mucho más que un resultado deportivo para los argentinos. Cuarenta años después, otra generación volvió a eliminar a los mismos rivales, con Messi como conductor del golpe final.
En las calles del centro de Concordia, los vehículos coparon las arterias principales con bocinas encendidas mientras la plaza se llenaba de celeste y blanco. La celebración se extendió hasta bien entrada la noche. El próximo domingo, Argentina enfrentará a España en la final del mundo, con la chance de defender el título conquistado en Qatar 2022.