Primero descartar el femicidio. Después, demostrar que alguien la empujó hacia la muerte. Esa es, en síntesis, la hoja de ruta que trazaron los abogados que representan a la madre de Zoé Schimf, la joven hallada muerta en Concordia cuyo caso sacudió a la ciudad y mantiene en vilo a la Justicia entrerriana.
Los letrados de la querella fueron claros: el primer objetivo de la investigación es descartar que Zoé haya sido víctima de un femicidio. Una vez trazada esa línea, el foco se desplaza hacia una figura penal que no suele ocupar los titulares pero que puede ser igual de devastadora: la instigación al suicidio, que la querella atribuye a la expareja de la joven.
Acreditar esa figura no es sencillo. Implica demostrar que hubo una conducta deliberada, sostenida y determinante sobre la voluntad de la víctima. Los abogados explicaron de qué manera piensan construir ese argumento ante la Justicia, aunque sin adelantar los elementos concretos con los que cuentan. La estrategia, por ahora, se reserva para el expediente.
Lo que sí queda claro es que la familia de Zoé no está dispuesta a cerrar el caso sin respuestas. La madre, representada por la querella, impulsa la investigación con la convicción de que la muerte de su hija no fue un acto solitario ni espontáneo, sino el resultado de una presión que alguien ejerció sobre ella.
El caso sigue abierto en los tribunales de Concordia. La investigación deberá determinar si los hechos encuadran en alguna figura penal y, en ese caso, si existe responsabilidad de terceros. Mientras tanto, la querella trabaja para que la Justicia no archive lo que, para la familia, es mucho más que una tragedia personal.