Hay talento de sobra. Lo que falta, como casi siempre, es la plata para que ese talento llegue adonde merece. Una patinadora de Crespo, integrante de la Selección Argentina, logró clasificar a dos competencias internacionales de primer nivel: el Sudamericano en Brasil y el Mundial en Estados Unidos. Un logro que no le cayó del cielo: es el resultado de años de entrenamiento y sacrificio.
La deportista entrerriana intensifica su preparación para estar a la altura de las exigencias que implica representar al país en dos torneos de semejante envergadura. El nivel competitivo de ambas competencias exige no solo condición física y técnica, sino también una logística que tiene un costo real y concreto: los viajes internacionales.
Ahí aparece el problema que conocen de memoria los deportistas amateurs argentinos. Clasificar no alcanza si no hay recursos para viajar. La patinadora crespense está en plena búsqueda de sponsors y apoyo económico para poder afrontar los gastos que demandan ambas participaciones. Sin ese respaldo, el sueño corre el riesgo de quedarse en el papel.
Es una historia que se repite demasiado en el deporte argentino: atletas que compiten al máximo nivel internacional pero que dependen de la solidaridad de comerciantes, empresas locales y la comunidad para poder subirse a un avión. El Estado, en sus distintos niveles, suele llegar tarde o no llegar. Crespo, como tantas ciudades del interior de Entre Ríos, tiene que bancar sola a sus campeones.
Quienes quieran acompañar a esta deportista en su camino al Sudamericano y al Mundial pueden acercarse a través de los canales que la propia atleta o su entorno difunden en la ciudad. Cada aporte, por pequeño que sea, es un paso más hacia la pista internacional.