El último eslabón que faltaba en la causa ya tiene nombre y condena. Un hombre de 43 años se entregó a la justicia y cerró así el capítulo judicial de uno de los casos de narcotráfico más resonantes de la región: el decomiso de más de 400 kilos de droga vinculado a una avioneta incendiada y un operativo que sacudió a Paysandú.
El sospechoso era el único que permanecía prófugo en la causa, mientras sus coimputados ya habían sido procesados. Su entrega puso fin a una búsqueda que se extendió durante meses y que mantuvo en vilo a los investigadores de ambos lados del río.
La condena no fue menor: seis años de prisión por los delitos de transporte agravado de estupefacientes y usurpación de identidad. Este último cargo agrega una capa de complejidad al caso: el imputado habría operado bajo una identidad falsa, lo que complica la reconstrucción de su rol real dentro de la organización.
El caso de la avioneta incendiada y el cargamento de Paysandú expuso una vez más la porosidad de la frontera fluvial como corredor para el narcotráfico. Cuatro cientos kilos de droga no se mueven solos ni por casualidad: requieren logística, complicidades y, en este caso, también documentación apócrifa para borrar rastros.
Con la entrega de este tercer implicado, la causa queda formalmente cerrada en lo que hace a los sospechosos identificados. La condena a seis años representa el cierre judicial de una investigación que involucró recursos de seguridad de la región y dejó al descubierto una red de transporte de estupefacientes con ramificaciones a ambas orillas del Uruguay.