El horror llegó directo a la puerta de su casa. Una adolescente murió tras recibir un disparo en la cabeza durante un tiroteo entre bandas que estalló frente a su vivienda en el barrio Villa Dorrego. Su abuela, de 50 años, también fue alcanzada por las balas: una le entró por la espalda y debió ser operada de urgencia.
La joven llegó sin vida al hospital. No hubo tiempo, no hubo margen. Un balazo en la cabeza en medio de un enfrentamiento que no era de ella, que no eligió, que simplemente ocurrió frente al lugar donde vivía. Ese es el dato que más duele y que más debería indignar: las víctimas estaban en su casa, no en el medio del conflicto.
La abuela, en tanto, fue intervenida quirúrgicamente y permanece internada. Su estado no fue precisado, pero la gravedad del impacto habla por sí sola.
El tiroteo, según se pudo establecer, fue producto de un enfrentamiento entre bandas. El barrio Villa Dorrego volvió a ser escenario de una violencia que no distingue edades ni inocentes. Una adolescente pagó con su vida ese cruce de fuego. Su familia, lo que queda de ella en pie, espera que la abuela sobreviva.
El caso quedó en manos de la Justicia, que deberá investigar el origen del enfrentamiento, identificar a los responsables de los disparos y determinar si existían antecedentes de conflicto en la zona. Mientras tanto, una familia entera carga con la peor de las consecuencias de una disputa que no era suya.