El fenómeno climático El Niño volvió a poner en alerta a Entre Ríos, una provincia que sabe mejor que nadie lo que significa ver el río crecer sin aviso suficiente. Esta vez, sin embargo, la apuesta es anticiparse: la Provincia y los municipios están coordinando un plan de contingencia que busca reducir el impacto de las posibles crecidas previstas para la primavera.
El eje del plan es el mapa provincial de riesgo fluvial, una herramienta que permite identificar el comportamiento de las distintas cuencas y calcular los tiempos de respuesta ante una eventual crecida. No es un dato menor: en una provincia atravesada por el Paraná, el Uruguay y decenas de arroyos y ríos interiores, saber cuánto tiempo hay para actuar puede ser la diferencia entre una evacuación ordenada y el caos.
El trabajo conjunto entre el gobierno provincial y los intendentes apunta a fortalecer la respuesta local en cada municipio, reconociendo que no todas las cuencas se comportan igual ni tienen los mismos tiempos de reacción. Hay localidades que ante una lluvia intensa ven sus calles bajo el agua en horas; otras tienen márgenes más amplios. Ese conocimiento específico del territorio es el que el plan intenta sistematizar y poner en práctica antes de que llegue la emergencia.
La coordinación preventiva incluye el monitoreo permanente de los niveles fluviales y la articulación de protocolos de actuación para cuando las alertas se activen. La idea es que cada municipio sepa exactamente qué hacer, con quién comunicarse y qué recursos tiene disponibles, sin improvisar en el peor momento.
Entre Ríos tiene una historia larga y dolorosa con las inundaciones. Cada vez que el Niño aparece en los pronósticos climáticos, la memoria colectiva de las familias que perdieron todo vuelve a primer plano. Que esta vez haya un plan articulado, con mapa de riesgo y trabajo conjunto entre provincia y municipios, es una señal de que algo se aprendió. La prueba real llegará con la primavera.