A los 95 años, se apagó una de las voces más emblemáticas de la lucha por los derechos humanos en Argentina. Taty Almeida, presidenta de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, murió este domingo tras varios días de internación en el Hospital Italiano. Su partida marca el final de una era para quienes sostuvieron en alto el pañuelo blanco durante décadas.
“Se fue dormidita”, reveló su hija Fabiana Almeida con una mezcla de dolor y alivio. “No sufrió el último momento, y estuvo de la mano de mi hermano y mía”. La familia confirmó que los restos serán velados en la sede de Foetra, el Sindicato de las Telecomunicaciones. “Mamá quería ahí, en un sindicato, nada de Legislatura y nada de Congreso”, explicó Fabiana, fiel al espíritu combativo que caracterizó a Taty hasta el final.
La historia de Almeida se escribió con sangre y resistencia. Su hijo Alejandro fue secuestrado por la Triple A el 17 de junio de 1975, cuando militaba en el ERP. Desde ese momento, esta mujer nacida en Belgrano y criada entre Buenos Aires y Mendoza, se transformó en una luchadora incansable. Recién en 1979 se sumó a Madres de Plaza de Mayo, pero cuando llegó, llegó para quedarse.
Junto a Nora Cortiñas —fallecida el año pasado— quedaron como las referentes de la Línea Fundadora cuando el movimiento se dividió en 1986. Mientras Hebe de Bonafini lideraba la rama más intransigente con el reclamo de “todos los desaparecidos con vida”, Taty y su grupo mantuvieron la consigna original: memoria, verdad y justicia. Sin concesiones, pero con una mirada más amplia del dolor.
“La tristeza es enorme”, confesó Estela de Carlotto, presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, al conocer la noticia. “Es la ley de la vida, con la edad que ya tenemos es lógico, pero nunca queremos que venga. Cuanto más tarde venga mejor, porque nosotros estamos luchando todavía por tantas cosas”. Las palabras de Carlotto resumen el sentimiento de toda una generación que ve partir a sus compañeras de lucha.
Hasta Cristina Kirchner se pronunció desde su prisión domiciliaria: “Luchadora incansable que honraste la vida. Hasta siempre querida Taty”. El reconocimiento llegó desde todos los sectores políticos, porque el dolor de una madre trasciende las grietas partidarias.
Taty provenía de una familia con tradición militar, pero la vida le enseñó que las batallas más importantes se libran en las calles, con un pañuelo blanco y la foto de un hijo que nunca volvió. Estudió magisterio, se casó con Jorge, tuvo tres hijos y creía en un futuro mejor. Hasta que la historia argentina le cambió el destino para siempre.
Con su partida, se cierra un capítulo fundamental de la lucha por los derechos humanos en el país. Pero su legado permanece vivo en cada marcha, en cada reclamo, en cada vez que alguien levante la voz contra la injusticia. Porque Taty Almeida no solo buscó a su hijo: nos enseñó que la memoria es la única forma de construir un país donde esto nunca más vuelva a pasar.