¿Hasta dónde puede llegar la desesperación? En la Escuela Gaucho Rivero de Paraná, donde asisten más de 400 alumnos, los ladrones no respetaron ni siquiera los elementos básicos de seguridad. Se llevaron el matafuego de la institución, dejando a cientos de chicos sin una herramienta fundamental en caso de emergencia.
El robo ocurrió mientras el personal de limpieza realizaba sus tareas habituales en el establecimiento educativo. Un momento de descuido que los delincuentes aprovecharon para sustraer el elemento que podría salvar vidas en una situación crítica. La vicedirectora de la escuela no ocultó su bronca y preocupación por lo sucedido.
Pero lo que más duele de este episodio es la reflexión que dejó la propia vicedirectora: “Muchas veces son los propios hijos de quienes cometen estos hechos los que vienen a esta escuela”. Una frase que retrata la cruda realidad de muchos barrios de Paraná, donde la delincuencia toca de cerca a las familias de los estudiantes.
El hecho pone en evidencia la vulnerabilidad de las instituciones educativas paranaenses, que deben lidiar no solo con la falta de recursos sino también con robos que comprometen la seguridad de los chicos. Un matafuego no es un elemento de lujo: es una herramienta de supervivencia que debería estar garantizada en cualquier establecimiento público.
La Escuela Gaucho Rivero ahora deberá gestionar la reposición del elemento sustraído, sumando una preocupación más a la larga lista de necesidades que enfrentan las escuelas públicas. Mientras tanto, más de 400 alumnos quedan expuestos a una situación de riesgo que nadie debería tolerar en pleno siglo XXI.