¿Qué pasa cuando Estados Unidos manda a su nueva autoridad del Aphis a revisar cómo trabajamos acá? Que se juega el futuro de miles de productores entrerrianos que viven de la exportación de fruta.
El Senasa no se guardó nada. Explicó punto por punto cómo funciona, organizó visitas a establecimientos y puso sobre la mesa toda la información técnica sobre sus acciones fitosanitarias. Era el momento de mostrar que acá las cosas se hacen bien, que los programas de preembarque no son un verso.
Desde Nación ya se frotan las manos. Aseguran que esta facilitación del comercio va a impactar de manera positiva en las producciones de Entre Ríos. Y no es para menos: la provincia es una potencia en cítricos, arándanos y otras frutas que tienen en el mercado estadounidense un destino clave.
La verificación no fue un trámite más. El Aphis (Servicio de Inspección Sanitaria Animal y Vegetal) es la puerta de entrada o la barrera que puede frenar en seco cualquier embarque. Su nueva autoridad vino a ver con sus propios ojos si los controles argentinos están a la altura de lo que Estados Unidos exige.
Para los productores de Concordia, Federación y toda la zona citrícola, esto no es un detalle menor. Cada temporada se juegan millones de dólares en exportaciones que dependen de que estos protocolos funcionen sin sobresaltos. Un problema fitosanitario puede cerrar mercados de un día para el otro.
La apuesta del Senasa fue total: transparencia absoluta, establecimientos abiertos de par en par y técnicos explicando cada paso del proceso. Porque cuando tenés la mirada de la autoridad sanitaria más exigente del mundo encima, no hay lugar para improvisar.