La reforma previsional que impulsa el gobierno nacional esconde una trampa letal para los trabajadores estatales. Mientras mantiene la fórmula del 82% móvil para no generar escándalo, modifica por atrás la base de cálculo de manera que los jubilados cobrarán apenas el 61,5% de su último salario.
El sindicato ATE elaboró un estudio que desnuda la maniobra: en lugar de considerar los últimos 10 años de carrera para calcular el haber, la reforma tomará los últimos 20 años. Así, se incluyen períodos donde los trabajadores ganaban mucho menos, cuando recién arrancaban y estaban en categorías bajas.
El ejemplo es demoledor. Un empleado que comienza ganando 800.000 pesos, llega a 1 millón con una década de antigüedad, después a 1,4 millones con 20 años de servicio y termina cobrando 1,7 millones al jubilarse. Con la reforma, su jubilación inicial sería de apenas 1.045.500 pesos.
¿El resultado? Una reducción de 655.000 pesos mensuales respecto de lo que cobraba en actividad. El trabajador pasa de percibir el 82% de su salario promedio de los últimos 10 años al 61,5% de su último sueldo. La diferencia es brutal.
La trampa está en los números. Al incluir los salarios iniciales de la carrera, que son considerablemente más bajos, el promedio se desploma. ATE advierte que la pérdida podría ser aún mayor para quienes acceden a jefaturas en los últimos años, ya que esos sueldos superiores tendrían menor peso en el cálculo general.
La reforma mantiene el 82% móvil solo en el papel. En la práctica, representa un recorte encubierto que golpeará duramente a miles de trabajadores estatales que esperaban una jubilación digna tras décadas de aportes. Una vez más, el ajuste recae sobre quienes menos pueden defenderse.