¿Qué tiene que pasar para que las autoridades educativas tomen en serio la seguridad de los pibes? En La Bianca, los estudiantes de la escuela secundaria van a clases con miedo porque el agua sale de los enchufes y focos cuando llueve. Y la respuesta oficial fue patética: cambiar un disyuntor.
La situación es insostenible. Cada temporal convierte las aulas en una trampa mortal donde nadie sabe si el agua que gotea está electrificada o no. Los chicos no saben si quedarse en el aula corriendo peligro o salir bajo la lluvia. Mientras tanto, las clases se dictan en espacios inadecuados o por modalidad virtual, que todos reconocen como insuficiente.
Adriana, madre de un estudiante, lo dijo sin vueltas: “Los chicos estaban con miedo. No sabían si el agua estaba electrificada o no”. El edificio lleva demasiados años sin refacciones y las filtraciones son un problema crónico que se agravó después del temporal del jueves pasado.
El lunes 11 de mayo, un grupo de padres se movilizó hasta la Dirección Departamental de Escuelas en Carriego y Pellegrini para exigir una intervención urgente. Habían enviado una nota la semana anterior reclamando por las filtraciones, y la respuesta fue el envío de un vocero que propuso cambiar el disyuntor. “No sabemos si es un chiste o algo real”, expresó Adriana con indignación.
Desde AGMER Concordia acompañaron el reclamo y remarcaron que “educar en condiciones dignas es un derecho”. La comunidad educativa aguardará hasta el próximo lunes una respuesta concreta de las autoridades. Si no llega, analizarán nuevas medidas para garantizar condiciones adecuadas.
La pregunta es simple: ¿cuántos pibes tienen que arriesgar su vida para que alguien tome cartas en el asunto? Porque proponer cambiar un disyuntor cuando el agua sale de los enchufes no es una solución, es una burla a la inteligencia de toda una comunidad que solo pide lo básico: que sus hijos puedan estudiar sin temor a una descarga eléctrica.