¿Hasta donde puede llegar una justicia que gobierna? La pregunta quedo flotando ayer al mediodia en Adolfo Alsina 485, donde cientos de sindicalistas formaron un abrazo simbolico para rechazar la intervencion judicial de la Union Obrera Metalurgica (UOM).
La empedrada calle se transformo en una postal de colores: el azul del gremio metalurgico liderado por Abel Furlan se mezclaba con el verde y negro de ATE, el rojo de Sutepa, el blanco y celeste de Sipreba y el verde de la Federacion Grafica Bonaerense. Una unidad que no se veia hace tiempo en el movimiento obrero.
La bronca tiene nombre y apellido: los jueces Pesino y Gonzalez, los mismos que avalaron la reforma laboral del gobierno, decidieron desplazar a Furlan e intervenir la UOM por seis meses. Una jugada que huele a revancha politica, segun denuncian desde los gremios.
Rodolfo Aguiar, secretario general de la Asociacion Trabajadores del Estado, no se anduvo con vueltas: “Si no vamos a una huelga general, se nos quedan con todos los sindicatos. La intervencion a la UOM es una intervencion al sindicato industrial mas grande de la Republica Argentina”.
El diagnostico de Aguiar es lapidario: “Tenemos una justicia que hace politica, una justicia que ya gobierna y ahora tambien quiere conducir los sindicatos”. Sus palabras resuenan mientras el gobierno nacional envia al Senado el pliego para que Pesino siga en el cargo por cinco años mas, a pesar de tener edad para jubilarse.
La movida tambien convoco a funcionarios bonaerenses como Walter Correa (ministro de Trabajo), Cristina Alvarez Rodriguez y Gabriel Katopodis, junto a legisladores de Fuerza Patria como Eduardo Valdes, Hugo Antonio Moyano y German Martinez.
“Es una maniobra que busca disciplinar al movimiento obrero y acompañar el proceso de perdida de trabajo en la industria. El gobierno no quiere industria ni metalurgica ni tampoco a este sindicato”, resumio Martinez, jefe de bloque del peronismo.
La UOM, elegida democraticamente en marzo pasado, ahora enfrenta una intervencion que muchos ven como el primer paso de una ofensiva mas amplia contra el sindicalismo. La pregunta que queda es si los gremios lograran articular una respuesta a la altura del desafio que enfrentan.