El silencio que siguió al estruendo lo dijo todo. Cinco vidas se apagaron en segundos sobre el asfalto de la Ruta Provincial 6, a la altura de San Vicente, cuando una camioneta convirtió un viaje familiar en la peor de las tragedias.
La secuencia fue demoledora: el rodado mayor embistió por detrás al auto familiar con una violencia que no dejó margen para la supervivencia. Dos niños y tres adultos murieron en el acto, sin tiempo siquiera para entender qué estaba pasando. Una familia completa borrada del mapa en una fracción de segundo.
El conductor de la camioneta fue detenido inmediatamente por personal policial que llegó al lugar. Las primeras pericias apuntan a determinar si manejaba bajo efectos del alcohol o si se trató de una distracción fatal. Lo cierto es que su decisión al volante terminó con cinco vidas de un solo golpe.
La Ruta Provincial 6 quedó cortada durante horas mientras Bomberos, Policía Científica y el SAME trabajaban en el lugar. El panorama era desolador: los restos del auto familiar esparcidos sobre el asfalto, testigos mudos de una tragedia que pudo haberse evitado.
¿Cuántas familias más tienen que pagar el precio de la irresponsabilidad al volante? Este nuevo episodio de violencia vial vuelve a poner sobre la mesa la urgencia de controles más estrictos y sanciones que realmente disuadan. Porque detrás de cada estadística hay nombres, historias y sueños que se truncan para siempre en una ruta que debería ser sinónimo de llegada, no de despedida.