¿Te acordás cuando Marcos Senesi pateaba la pelota en los potreros de Concordia? El defensor que hoy está en la prelista del Mundial 2026 se formó en Salto Grande, un club entrerriano que como tantos otros en el país busca modernizarse para no quedarse atrás en la era digital.
“Al igual que todos los chicos formados en el club, Marcos se llevó valores como el compañerismo, la disciplina y la manera de manejarse dentro y fuera de la cancha”, recuerda Guillermo Hudson, presidente de la institución concordiense. No es el único: también pasaron por ahí Lucas Robertone, Leo Godoy y los hermanos Guiffrey, todos jugadores profesionales.
Pero la historia se repite por todo el país. Desde Rosario hasta Córdoba, los clubes de barrio que vieron nacer a los campeones del mundo enfrentan el mismo desafío: adaptarse a una Argentina que dejó atrás el efectivo. Lionel Messi arrancó en el Abanderado Grandoli, Julián Álvarez en el Atlético Calchín, Emiliano Martínez en General Urquiza de Mar del Plata.
Los números del Banco Central no mienten: los pagos con QR crecieron 44%, las transferencias inmediatas más de 24% y actualmente 3 de cada 4 transferencias ya involucran billeteras virtuales. La plata ya no circula en billetes, sino en cuentas digitales.
“Durante 2025, el 65% de los pagos hechos a nuestros clientes se ejecutaron desde billeteras digitales. La gente reemplazó el efectivo por dinero en cuenta”, explican desde la plataforma CuotaQ. Los clubes que se suben a esta ola encuentran nuevas herramientas para ordenar su administración y reducir la morosidad.
Muchos todavía trabajan con efectivo, cobradores puerta a puerta o transferencias manuales. Pero la incorporación de pagos automáticos y sistemas digitales empieza a cambiar el panorama. “La mayoría de los clubes todavía tiene mucho potencial de modernización en la gestión de socios y cobranzas”, explica Danilo Luján, uno de los founders de la plataforma.
La transformación no pasa solamente por incorporar tecnología, sino por acercarse a cómo hoy las familias manejan su dinero. Los clubes que logran adaptarse no solo mejoran su administración: también se aseguran de seguir siendo ese espacio de contención donde miles de pibes pasan su infancia y adolescencia, soñando con llegar algún día a la Selección como Senesi.