La jugada no le salió. Claudio Uberti, el ex titular del OCCOVI durante el kirchnerismo, seguirá cumpliendo su condena de cuatro años de prisión en la cárcel de Ezeiza por el caso de la valija con 800 mil dólares del venezolano Guido Antonini Wilson.
El ex funcionario había pedido prisión domiciliaria alegando que su seguridad corría riesgo por ser arrepentido en la causa Cuadernos. Incluso denunció que él y su familia recibieron amenazas anónimas para que no declare en el juicio oral. Pero la jueza Sabrina Namer no le creyó ni una palabra.
“El señor Uberti ya prestó declaración indagatoria en esa causa sin ningún inconveniente, y no hay razón atendible que vincule sus ganas de declarar con la concesión de una prisión domiciliaria”, fue el duro fallo de la magistrada. Traducción: no hay pruebas de que esté en peligro real.
¿Qué había hecho Uberti para terminar preso? En agosto de 2007 llegó al país desde Venezuela junto a Antonini Wilson, que intentó ingresar de manera ilegal una valija con 700 mil dólares. El caso se volvió un escándalo internacional que salpicó al gobierno de Néstor Kirchner.
Pero la historia no terminó ahí. En 2018, Uberti fue detenido nuevamente por la causa de los cuadernos de la corrupción. Ahí decidió convertirse en arrepentido y contó detalles explosivos: que recaudaba coimas de empresas como titular del OCCOVI y que llevaba bolsos con dólares al departamento de la familia Kirchner en Recoleta.
La defensa del ex funcionario jugó todas las cartas: alegó su edad de 68 años, problemas de salud como hipertensión y tratamiento psiquiátrico, y hasta habló de una colaboración de características “patrióticas” en el caso Cuadernos. Nada funcionó.
La jueza Namer fue contundente: “La condición del imputado como arrepentido no implica una situación de riesgo físico que no pueda ser controlada por las condiciones de seguridad del Servicio Penitenciario Federal”. Y agregó un dardo envenenado: sospecha que los intentos de vincular las condiciones de detención con su voluntad de declarar son “presiones veladas” para conseguir la domiciliaria.
El detalle que más molestó a la magistrada fue que Uberti nunca hizo una denuncia formal por las supuestas amenazas. Solo palabras al viento para intentar zafar de la cárcel. Ahora deberá cumplir su condena completa, mientras la justicia investiga si realmente existieron esas amenazas que tanto pregonaba su defensa.