¿Cuánto tiempo pueden esperar los chicos que coman? La pregunta resonó ayer frente a la planta de Granja Tres Arroyos, donde madres y familiares se plantaron para reclamar por las cuotas alimentarias retenidas a trabajadores de la empresa.
El reclamo no es menor: las demoras e irregularidades en los depósitos tienen a decenas de familias entrerrianas en una situación límite. “Nos tienen cansadas con las excusas”, gritó una de las manifestantes mientras sostenía una pancarta con los nombres de los chicos afectados.
La modalidad es conocida pero no por eso menos grave: la empresa retiene los descuentos de los sueldos por orden judicial, pero después se demora en depositarlos o directamente no los transfiere. Mientras tanto, los pibes esperan que llegue la plata para el almuerzo, los útiles o la ropa.
“No nos dan respuestas claras sobre cuándo van a regularizar la situación”, explicó una de las madres que participó de la protesta. El panorama se complica porque muchas de estas mujeres dependen exclusivamente de esa cuota para sostener a sus hijos.
La manifestación puso en evidencia un problema que trasciende lo individual: cuando las empresas juegan con los descuentos alimentarios, están jugando con la comida de los chicos. Y eso, en una provincia donde el trabajo formal no sobra, duele el doble.
El impacto económico es directo y demoledor. Familias que organizan su presupuesto mensual contando con esa plata se encuentran de un día para el otro sin los recursos básicos. Los reclamos judiciales existen justamente para garantizar que los chicos no paguen los platos rotos de los adultos.
Granja Tres Arroyos deberá explicar por qué una obligación legal se convierte en una pesadilla burocrática para las familias. Porque una cosa es tener problemas financieros y otra muy distinta es hacer esperar a los chicos por la plata que ya está descontada del sueldo de sus padres.