Veinte casos de abigeato en un solo mes. El número golpea como un martillo en la cabeza de los productores del norte de Entre Ríos, que ya no saben si llorar o salir con las horquillas a defender lo suyo.
La cifra corresponde a diciembre de 2025 y incluye tanto los hechos denunciados como aquellos que ni siquiera llegaron a la comisaría. Robos reiterados, carneadas indiscriminadas y una sensación de abandono que carcome a las familias rurales como una plaga.
¿Qué pasa cuando agarran a los chorros? Acá viene lo que más duele: la puerta giratoria de la Justicia. Los productores lo dicen sin vueltas: “La Policía hace un buen trabajo y cumple con su deber, pero cuando quienes perpetran estos delitos son atrapados, jueces y fiscales los dejan en libertad“.
El hartazgo se palpa en cada palabra. “Todo tiene un límite y no puede ser que la puerta giratoria sea una salida inmediata para la delincuencia“, remarcan con una bronca que ya no pueden disimular.
Uno de los episodios más graves ocurrió en la segunda semana de diciembre. Los delincuentes no se conformaron con faenar un vacuno: desvalijaron por completo la vivienda del productor. Un saqueo total que dejó a una familia rural sin nada y con el alma en vilo.
La escalada del abigeato no es solo un problema económico. Es un golpe directo a la seguridad de las familias rurales que viven con el miedo pegado a la piel. Cada ruido nocturno es una amenaza, cada animal que falta es un pedazo de futuro que se esfuma.
Los productores reclaman mayor celeridad en el accionar de la Justicia y que los responsables paguen por sus actos. Mientras tanto, el campo entrerriano sigue sangrando ganado y confianza en un Estado que parece mirar para otro lado.