¿Cuánto tiempo más pueden esperar? Cuatro meses han pasado desde que la textil Alal bajó definitivamente las persianas, y más de 460 familias de Goya y Villa Ángela siguen con las manos vacías, esperando unas indemnizaciones que no llegan.
El cierre de enero dejó un tendal de historias dramáticas: padres de familia que apostaron años de su vida a una empresa que prometía estabilidad y terminó siendo un espejismo. Ahora, esos mismos trabajadores enfrentan una doble traición: perdieron el empleo y no pueden cobrar lo que les corresponde por ley.
Las demoras judiciales se convirtieron en el enemigo silencioso de estas familias. Mientras los expedientes duermen en escritorios, los trabajadores ven cómo se les acaba el dinero, cómo las deudas crecen y cómo la incertidumbre económica se instala como un huésped permanente en sus hogares.
El panorama es desolador: 460 familias que dependían de un sueldo fijo ahora navegan en la desesperación. Los ahorros se agotaron, los créditos se vencen y las promesas de solución se diluyen en la burocracia judicial que parece moverse a paso de tortuga.
¿Dónde están las autoridades que prometieron acompañar a los trabajadores? ¿Cuándo van a entender que detrás de cada expediente hay una familia que necesita comer, pagar el alquiler y mantener la dignidad? La textil Alal cerró sus puertas, pero el drama humano que dejó sigue escribiéndose día a día en Goya y Villa Ángela.
Con informacion de: El Once.