Una final que duele. Argentina cayó 1-0 ante España en la definición del Mundial 2026 y el sueño de un nuevo título se esfumó en los últimos metros de un torneo que el equipo había transitado con carácter y convicción.
Lionel Scaloni, el entrenador que llevó a la Selección a lo más alto en Qatar 2022, salió a hablar con la cabeza en alto. No hubo excusas, no hubo lamentos interminables. Solo una frase que resumió todo: “Llegar hasta acá cuesta un montón”. Y tiene razón. Llegar a una final del mundo no es casualidad ni producto del azar; es trabajo, sacrificio y una cadena de decisiones que salieron bien durante semanas.
El técnico destacó la entrega de sus futbolistas y subrayó que el grupo dio todo lo que tenía. “Dimos todo”, dijo, y en ese brevedad hay más peso que en cualquier discurso largo. Un plantel que dejó todo en la cancha no merece otra cosa que reconocimiento, aunque el resultado final haya sido adverso.
La derrota ante España cierra un ciclo con sabor amargo, pero también con la certeza de que esta generación volvió a demostrar por qué es una de las más importantes de la historia del fútbol argentino. Dos finales mundiales en cuatro años no es un accidente: es una identidad construida con método y con un cuerpo técnico que supo sostener la estructura aun en los momentos de mayor presión.
Ahora viene el tiempo de los balances, de las preguntas sobre el futuro de Scaloni en el cargo y sobre qué viene para una Selección que, pase lo que pase, dejó una marca en este Mundial. La herida de una final perdida tarda en cerrar, pero el recorrido hasta ahí no se borra con un gol en contra.