Un caso más que desafía cualquier explicación lógica. En un establecimiento rural cercano a Hernández, en el departamento Nogoyá, un productor encontró una vaca muerta con cortes que, según su propio relato, no se parecen a los que dejaría un depredador común ni un accidente de campo.
El hallazgo se suma a una serie de episodios similares que se vienen registrando en distintas zonas rurales del país. Lo que más inquieta al productor no es solo la muerte del animal, sino la precisión de los cortes y, sobre todo, la ausencia total de rastros: sin huellas, sin señales de lucha, sin indicios que permitan reconstruir qué pasó ni cuándo.
Ese vacío de evidencia es, paradójicamente, el dato más perturbador. En el campo, casi siempre queda algo: marcas en el barro, sangre en el pasto, algún rastro de lo que sea. Acá, nada. El productor aseguró que no pudo determinar el origen de los cortes ni la causa de la muerte del bovino.
Los casos de mutilación de animales con estas características generan desde hace años un debate que oscila entre explicaciones que van de lo veterinario a lo inexplicable. Algunos especialistas apuntan a fenómenos naturales post mortem o a la acción de insectos y carroñeros que pueden generar cortes aparentemente prolijos. Otros productores, que vivieron situaciones parecidas, no se convencen con esas respuestas.
Por ahora, el caso en la zona de Nogoyá quedó sin resolución. El productor realizó la denuncia correspondiente y aguarda que algún organismo competente tome intervención para analizar el animal y aportar alguna certeza en un asunto que, de momento, genera más preguntas que respuestas.