La salud de Lázaro Báez se complicó de manera seria. El empresario santacruceño, condenado por corrupción en las causas Ruta del Dinero K y Vialidad, fue internado de urgencia tras desarrollar una pulmonía que agravó su ya delicado estado físico.
La hospitalización no sorprende a quienes siguen de cerca el caso. La defensa del empresario venía advirtiendo sobre el deterioro progresivo de su salud y había solicitado nuevamente la prisión domiciliaria, pedido que hasta ahora no tuvo respuesta favorable de la Justicia.
¿Era previsible que esto iba a pasar? Los abogados de Báez habían puesto sobre la mesa informes médicos que daban cuenta de su estado vulnerable. Ahora, la pulmonía vino a confirmar lo que ya se veía venir: el encierro está pasando factura en el cuerpo del empresario de 68 años.
El hombre que manejó millones en obras públicas durante el kirchnerismo hoy lucha contra una infección respiratoria que puso en jaque su organismo. Sus defensores insisten en que las condiciones carcelarias no son las adecuadas para alguien con su cuadro clínico, pero la Justicia mantiene firme la decisión de que cumpla la condena tras las rejas.
La situación de Báez refleja una tensión constante en el sistema judicial: ¿hasta dónde llega el castigo cuando la salud del condenado está en riesgo? El empresario santacruceño, que supo mover fortunas en la construcción de rutas patagónicas, ahora enfrenta una batalla mucho más personal en una cama de hospital.