Once años después del primer grito que cambió la historia, Concordia volvió a ser epicentro de una movilización que mezcló dolor, bronca y esperanza. La Plaza 25 de Mayo se llenó de mujeres de todas las edades que llegaron con carteles, antorchas y una certeza: el Ni Una Menos sigue más vigente que nunca.
Los nombres de Agostina Vega y Dulce María Beatriz Candia encabezaron los carteles más visibles de la jornada. Sus femicidios recientes atravesaron como un puñal la movilización, recordando que la violencia machista no da tregua en la ciudad. 3.205 mujeres asesinadas desde 2015: una cifra que duele y que las organizaciones no dejan pasar inadvertida.
Antes de arrancar la marcha, las convocantes leyeron un documento que no se guardó nada. Apuntaron directo contra las políticas de Javier Milei, contra el gobernador Rogelio Frigerio y contra el intendente Francisco Azcué. El reclamo fue claro: el desmantelamiento de programas de prevención y asistencia deja a las mujeres más desprotegidas que nunca.
¿Cómo se explica que en 2026 las mujeres sigan teniendo miedo de caminar solas por la calle? La pregunta flotó en el aire mientras la columna avanzaba por calle Urquiza, rodeaba la plaza y se dirigía hacia Tribunales para terminar frente a la Municipalidad.
El recorrido fue una mezcla de cánticos, intervenciones artísticas y bailes que contrastaban con la dureza del mensaje. Niñas, adolescentes, jóvenes, adultas y mayores caminaron juntas, cada una cargando su propia experiencia pero unidas por un objetivo común: que ninguna mujer más tenga que morir por ser mujer.
La movilización dejó en claro que el hartazgo creció y que la organización colectiva sigue siendo la herramienta más poderosa para enfrentar una violencia que las organizaciones califican como estructural y sistemática. En Concordia, como en todo el país, el grito sigue resonando: ni una menos, vivas nos queremos.