La crisis citrícola golpea fuerte en Entre Ríos, pero esta vez los productores no salen a las rutas a protestar. Cobran apenas 80 pesos por kilo mientras en las verdulerías la naranja se vende a más de 2.000 pesos. ¿Qué pasó con el espíritu combativo de los tiempos de De Angeli?
Roberto Flurin, referente del sector, puso los números sobre la mesa: “Hoy el mercado no está pagando más de 80 pesos el kilo. Nos está quedando eso”. La explicación es simple pero demoledora: no hay consumo. “La economía está parada y nosotros vendemos postre”, admitió con resignación.
El desfasaje de precios es obsceno. Mientras el productor recibe 80 pesos por kilo, las familias pagan hasta 2.500 pesos en las verdulerías. “¿Dónde está todo ese desfasaje?”, se pregunta Flurin, aunque la respuesta parece no importarle tanto como antes.
La industria procesadora tampoco es salvavidas. El precio internacional del jugo concentrado cayó a 2.000 dólares la tonelada y las fábricas arrastrán pagos. “Hay fábricas que tienen una demora de un año de pago atrasado hacia el productor”, reveló Flurin.
Los números de los insumos son lapidarios. El año pasado con un bin de fruta compraban 135 litros de gasoil. Hoy, apenas 20 litros. La urea pasó de 600 a 1.100 dólares la tonelada. “Ahora bajó a 750, pero seguimos altos para los márgenes que tenemos”, explicó.
Muchos productores ya vendieron propiedades y tractores para sostenerse. “Hay casos concretos de gente que ha vendido parte de lo que tenía para seguir apostando”, admitió Flurin. En agosto arrancan las inversiones para la próxima campaña y no saben de dónde sacar la plata.
Pero acá viene lo llamativo: estos mismos productores que cortaban rutas y protestaban contra los gobiernos kirchneristas, ahora guardan silencio sepulcral. Los “K” que tanto vituperaban los ayudaron con mil herramientas e incluso financiaron una planta procesadora para que formaran cooperativas y no vendieran regalado a las grandes empresas.
La pregunta que flota en el aire entrerriano es evidente: ¿por qué ahora no hay cortes de ruta, ni protestas, ni arengas? La crisis es igual o peor, pero la combatividad desapareció mágicamente cuando cambió el color político del gobierno nacional.