El cierre de Menghi no es solo la caída de un comercio más en Paraná. Es la alarma que suena fuerte en el centro de la ciudad, donde los empresarios ya no pueden disimular la bronca ni el miedo que les genera ver cómo se desploma el entramado comercial que construyeron durante décadas.
Desde el Centro Comercial e Industrial fueron contundentes: “La recesión prolongada, la alarmante caída de ventas, el atraso de los salarios reales y la consecuente falta de circulante destruyen el entramado productivo” de la capital entrerriana. No es una queja más. Es el grito desesperado de un sector que lleva dos años de agonía económica sin que nadie parezca escuchar.
¿Cuántos comercios más tienen que bajar las persianas para que alguien tome cartas en el asunto? La pregunta resuena en cada local que lucha por mantenerse a flote mientras ve cómo sus vecinos de toda la vida cierran las puertas para siempre. Menghi era un emblema, un punto de referencia en el corazón comercial paranaense. Su cierre no es casualidad: es la consecuencia directa de un “círculo vicioso que asfixia a las pymes”, como denunciaron los empresarios.
La ecuación es demoledora: menos ventas, menos empleos, menos circulante, menos consumo. Y vuelta a empezar. Los comerciantes de Paraná no piden milagros, piden medidas de alivio que les permitan respirar en medio de esta tormenta que parece no tener fin. Porque cuando cae un comercio histórico como Menghi, el mensaje es claro: nadie está a salvo.
El sector empresarial ya puso las cartas sobre la mesa. Ahora resta saber si las autoridades van a actuar antes de que el centro de Paraná se convierta en un cementerio de locales cerrados y sueños rotos.