¿Cuántas aves autóctonas tienen que caer para que alguien ponga límites? El domingo pasado, el programa Ambiente & Medio de América TV expuso sin filtros la realidad del turismo cinegético en Entre Ríos, un negocio millonario que convirtió los humedales provinciales en campos de tiro para cazadores extranjeros.
Las imágenes son desgarradoras: decenas de cazadores con escopetas apuntando al cielo, mientras especies autóctonas caen como lluvia sobre los pastizales entrerrianos. El informe mostró jornadas completas de caza masiva en establecimientos rurales de la provincia, donde el negocio mueve miles de dólares a costa de la fauna local.
Pero hay más. La investigación advirtió sobre el impacto ambiental del uso de perdigones de plomo, considerados altamente contaminantes para los ecosistemas de humedales. Un detalle que parece no preocupar a quienes autorizaron estas actividades desde el gobierno provincial.
Gabriel Bonomi, integrante de la ONG CEYDAS, no se anduvo con vueltas durante el informe: “Entre Ríos no necesita este negocio que aniquila nuestra fauna autóctona”. El ambientalista denunció que las empresas del sector reciben beneficios y exenciones impositivas, mientras la biodiversidad provincial paga el precio más alto.
Las críticas apuntaron directo al corazón de la gestión de Rogelio Frigerio, quien habilitó nuevamente la actividad pese al rechazo sostenido de organizaciones ambientalistas y especialistas en conservación. Los sectores ambientales vienen denunciando desde hace años la depredación de especies y la falta de controles estatales efectivos.
La exposición nacional puso en evidencia lo que muchos entrerrianos ya sabían: que los humedales de la provincia se convirtieron en un negocio extractivo donde la conservación quedó relegada a un segundo plano. La pregunta que queda flotando es si el gobierno provincial tomará medidas o seguirá mirando para otro lado mientras las aves autóctonas desaparecen del paisaje entrerriano.