lunes , 15 julio 2024
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Bien!

En el nombre del deporte

Foto: Juliana Faggi
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Ángel “Kelo” Ramallo es un apasionado del deporte. Es profesor de Educación Física. Fue jugador de básquet y fútbol, entrenador y dirigente del club de su barrio, Talleres. Fue formador de deportistas de distintos equipos de la ciudad, que hoy le rinden homenajes y le reservan un lugar para presenciar las competencias.

El paranaense Ángel “Kelo” Ramallo es profesor de Educación Física. Es el menor de tres hermanos que creció bajo la crianza de su madre. De niño se vinculó con el deporte en el club de su barrio, Talleres, donde pasaba gran parte del día. Fue jugador de básquet y por sus condiciones debutó en Primera división a temprana edad. El fútbol también lo contó en sus equipos hasta que una lesión lo alejó, pero al tiempo volvió e integró distintos cuerpos técnicos en planteles locales. La docencia fue su herramienta para transmitir los valores con los que se destacó en los campos de juego, humildad, respeto, disciplina, ansias de superación y trabajo en equipo. En el living de su casa, la misma que ocupó con sus hermanos y su madre, junto a su esposa Mirta y con una gran pantalla donde aparece su hija Evangelina, conduciendo un programa televisión, recibió a BIEN! Durante el diálogo dijo: “La docencia fue mi vida”.

La docencia fue mi vida

—¿Qué recuerda de su niñez en el club Talleres?

—De chiquito jugaba al básquet en Infantiles y tiraba al aro en los altos. La pelota era pesadísima para mí, así que tiraba de espaldas con las dos manos de abajo. Jugaba con Coco Gambino, nos gustaba también el fútbol y el barrio. Antes no había tantas divisiones por edades como hay ahora, era Infantil, Cadetes y de ahí ya pasabas a Primera.

—¿Cuándo fue su debut en Primera?

—A los quince años, aunque no me animaba porque había jugadores en Primera que yo respetaba mucho y que tenían treinta. Pero entre Juan Zacarías, dirigente, y el técnico Santiago Galanti, me convencieron. Teníamos un partido con Peñarol, yo fui y me senté en el banco con los suplentes y entré en el segundo tiempo.

—¿Cuál era su posición, de qué jugaba?

—Yo era el que se mandaba de acá para allá. Daba pases y no me gustaba terminar las jugadas, por ahí las tenía que terminar yo porque no había nadie y eso me preocupaba. Yo entraba para sacar, recuperar pelotas, dar pases y que ellos rematen la jugada. Así fue que ganamos, y nos querían pegar adentro del vestuario. Fue tremendo y quedé en Primera.

—Tiempo de deportista y de estudiante, ¿dónde cursó la escuela secundaria y cómo fue su vida escolar?

—El secundario lo hice en Colegio Nacional. Mi madre me había anotado en la Escuela Normal porque quería que sea maestro. Pero cuando terminé la primaria, le dije que yo ya había ido a la escuela que ella eligió y que ahora iba a elegir yo. Se terminó la charla, y fui al Nacional.

Iba de mañana hasta que un día mi madre me dice que le habían ofrecido un trabajo para uno de mis hermanos en Casa de Gobierno, pero que él no quería. Entonces, me propone que sea para mí, yo iba a segundo año. Así fue que me presenté, no hubo ningún problema y comencé a trabajar en Vialidad. Tuve que cambiarme al turno noche en la escuela, a mitad de tercer año. Trabajaba y podía estudiar en la oficina. Salía en El Diario cuando habíamos jugado un partido y me saludaban los compañeros de trabajo por los tantos.

 
Ángel “Kelo” Ramallo y sus inicios en el básquet de Talleres. 


—“Kelo”, un habilidoso para los deportes, también hubo tiempo para de jugar al fútbol…

—Sí, en Talleres, también a los quince años. Me querían todos. Recuerdo que un día, Juan Francisco Zacarías me pidió que lo acompañe a hacer unos trámites. Se trataba de la Liga Paranaense de Fútbol, que estaba en calle San Martín, y él quería que yo me familiarizara con esas cuestiones para que después sea dirigente.

Me querían todos

—¿Cómo llega a la docencia, a estudiar en el Centro de Educación Física en Santa Fe?

—Un compañero de básquet que era más grande, me entusiasmó para que fuera a estudiar Educación Física, que allá iba a poder desarrollarme en el deporte. En ese momento a Santa Fe se viajaba en balsa o en lancha. Le cuento a mi madre que me gustaría ir a estudiar a Santa Fe porque ahí iba a aprender para hacer ejercicio en la escuela y que iba a aprender.

Ella no conocía de qué se trataba, pero como toda madre averiguó y me mandó a hablar a la dependencia del Ejército que estaba en calle 25 de Mayo. Tenía que buscarlo al capitán del Ejército, Oscar Malvicino. Eso hice al día siguiente, pero no lo encontré hasta que un día pude ubicarlo. Me recibió y me comentó del Centro de Educación Física, que era el único de la zona, que había otro en Buenos Aires. Me dijo que fuera a Santa Fe, alquilaban casas para los estudiantes, en pleno centro. Estudiaba durante la semana, me venía los sábados al mediodía o por la tarde y volvía los domingos en la lancha que salía a las 20.

Dirigente del club del barrio

Ángel “Kelo” Ramallo fue dirigente del club Atlético Talleres en dos períodos, 1988-1989 y 1994-1995. “Para intentar hacer crecer el club, nos juntamos con un grupo de compañeros, trabajamos y me eligieron presidente”, comentó a BIEN!

En la institución deportiva, ubicada en calle Irigoyen y Feliciano, Ramallo fue jugador, entrenador, dirigente e incansable colaborador. Su paso por el club no pasó desapercibido y cada vez que aparece por la entidad, se celebra su presencia. Allí ha recibido muchísimos reconocimientos y homenajes, hasta colgaron un mural con su imagen.

Entre las anécdotas, Ramallo recordó que “perdimos unas elecciones por los estatutos del club que decían que los socios que votaban tenían que ser varones. Habían ido a votar todas nuestras mujeres y habíamos ganado, pero no se pudo”.

En su gestión se incrementaron los socios y se hizo la pileta, en el predio que ocupaba la cancha de fútbol. “Juana Laurencigh nos hizo todos los planos, —sin cobrarle un peso al club—, para poder tener la pileta. Para esta obra organizamos la primera cena millonaria con el sorteo de un Cero Kilómetro, en la cancha de básquet con la participación de muchísimos socios”, remarcó.

Un docente, referente

Ángel Ramallo fue profesor de Educación Física y entrenador de muchos adolescentes y jóvenes en escuelas y clubes de la zona, que con sus enseñanzas se afianzaron en el deporte y que hicieron de la práctica deportiva un hábito que aún mantienen. “Kelo” se caracterizaba por acompañar a sus dirigidos en los entrenamientos y en mostrar él mismo lo que debían realizar, se ponía a trabajar a la par de sus alumnos.

Fue profesor de muchísimos establecimientos educativos de Paraná, en los comienzos del Colegio Nacional, la Industrial Técnica N° 1 y Don Bosco,

Además, daba clases en el club Diamantino, en Diamante. “Me iba a dar clases y a tomar unos mates en un Fiat 600”, mencionó entre risas. La razón de esos mates, era compartir un rato con Mirta, a quien había conocido y enamorado. Al tiempo, le propuso venir a Paraná. Se casaron, terminaron la casa y llegaron las hijas, Julieta y Evangelina.

De su actividad como docente, se destaca el trabajo que realizó en la Escuela Superior de Oficiales Dr. Salvador Maciá de la Policía de Entre Ríos, desde 1976 hasta que se jubiló en el 2005. “Entré cuando funcionaba en Puerto Viejo, entre el arroyo y el puente. Después fuimos a ver el terreno, donde está hoy la Escuela, y sugerí hacer unas buenas instalaciones para dormir, comer y estudiar, priorizando la comodidad de los jóvenes. Al comienzo se hizo una tribuna y la cancha de fútbol, a la que después le agregaron la pista de atletismo y la pileta. Yo iba todos los días a trabajar con ellos y los sacaba a correr. Les cambiaba los recorridos para que no hicieran trampas, los llevaba por distintos trazados y les hacía conocer lugares de la ciudad”, afirmó.

A modo de homenaje, el plantel de atletismo de la Escuela de Oficiales de Policía de Entre Ríos lleva el nombre, Ángel “Kelo” Ramallo.

—¿Disfrutó de la docencia?

—Toda mi vida. Mi vida fue la docencia. También trabajé en la UNER. Eso no me lo olvido nunca, nos reuníamos en Ciencias Económicas con todos los que querían participar en fútbol. Venían  chicos de distintas facultades, hacían equipos y armábamos un torneíto. Llegué a tener veintipico de equipos. Terminamos jugando en la Facultad de Agronomía, en una cancha de fútbol. Después los acompañé a campeonatos provinciales y nacionales.

Transmitir la pasión por el deporte

“Kelo” y Mirta dijeron a BIEN! que llevaron a sus hijas al club Talleres a realizar los primeros pasos en el deporte. “Julieta, la mayor, hizo algo pero no quería saber nada. La que sí se enganchó con el club fue Evangelina, que hizo de todo, natación, softbol, hockey sobre patines, básquet, gimnasia”, contaron.

Pero las satisfacciones con el deporte en el club rojo continúan hoy, con los nietos. “Benjamín y Pedro juegan al básquet, viven en el club”, expresó orgulloso. “Los tres, —la menor es Alfonsina—, empezaron por disfrutar la pileta, la colonia con amigos”, añadió el abuelo.

Recuerdos del club

-Canchas de bochas y billar. “Por calle Feliciano, donde hay un portón y está el gimnasio, se ingresaba a dos canchas de bochas, al billar y a una cantina de Talleres”, indicó Ramallo.

-Escenario. “El club tenía un escenario espectacular. Venían a hacer radioteatros, y el club se llenaba de gente que iba a verlo. Llegaban en camiones, en chatas del campo, aparecían de todos lados”, contó.

-Galpón. “El club estaba en el galpón que tenían para guardar los tranvías a caballos que ya no andaban más, —eso comentaban los empleados. Por eso, le ponen el tren. Se contaba que jugaban al fútbol con los ingleses”.

Una madre que acompañaba. “Iba a todos los partidos y trabajaba con la subcomisión. En uno de Primera, con Peñarol, me pegan y me caigo y la escucho que dice: ‘¿qué hicieron con el nene?’. Cuando terminó el partido, le dije que si iba a verme no tenía que decir nada”, rememoró Ramallo.

Sus anécdotas, que enriquece con miles de fotos de toda su vida, forman parte de los almuerzos de los domingos, donde reúnen a hijas, yernos y nietos, en la casa que fuera de sus abuelos en calle Feliciano.

Breve bio

Ángel Ramallo nació el 28 de julio de 1944, en Paraná. Su madre, Carmen Gandolfo de Ramallo, fue su pilar. Tiene dos hermanos mayores, Roberto y Osvaldo. Está casado con Mirta Rodríguez. Tiene dos hijas: Julieta y Evangelina, reconocida periodista y conductora de televisión de la ciudad. Es abuelo de Benjamín, Pedro y Alfonsina.

Cursó la escuela primaria en la Normal y el secundario en el Colegio Nacional. Es profesor de Educación Física, egresado del Centro de Educación Física de Santa Fe.

Fue un destacado jugador de básquet y de fútbol, que continuó su camino como preparador físico de distintos equipos de la zona. El último plantel que dirigió fue de Interprofesionales, integrado por médicos y visitadores médicos.

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