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Los docentes se organizan en defensa de sus derechos

Clelia Lavini, histórica militante del gremialismo docente, robusteció la organización del gremio docente. Fue elegida secretaria general de AGMER en 1984.

El 22 de junio de 1981, en medio de un gobierno dictatorial, daba su primer paso la Asociación Gremial del Magisterio de Entre Ríos (AGMER).  

Rubén Bourlot
Especial para EL DIARIO

El 22 de junio de 1981 es la fecha del puntapié inicial de la Asociación Gremial del Magisterio de Entre Ríos. El gremio compañero de ruta del Centro Entrerriano de Docentes de Enseñanza Media y Superior (CEDEMYS) nacía en medio de un gobierno dictatorial. Ambos se fusionarán en 1988 conformando la actual AGMER. Tardíamente los trabajadores de la educación comprendían la importancia de luchar colectivamente y en solidaridad con los demás trabajadores.
El trabajo de docente desde siempre tuvo una visión sesgada por gran parte de la sociedad y hasta era su propia percepción.
Tradicionalmente la tarea de la maestra era consideraba una especie de prolongación de las faenas femeninas del hogar. Por eso la predominancia de mujeres en la actividad. Los alumnos serían algo así como los hijos adoptivos de mujeres a las que no se les permitía tener propios. 
Las docentes eran mujeres abnegadas que debían renunciar a formar su propia familia para hacerse cargo de hijos ajenos. Y no es una apreciación desmesurada. Hay varias reglamentaciones de fines del siglo XIX y principios del XX con este tipo de exigencias como es el contrato tipo de maestras del Consejo Nacional de Educación, de 1913, que ponía como requisitos: “No casarse. Este contrato quedará automáticamente anulado y sin efecto si la maestra se casa. No andar en compañía de hombres (…). No pasearse por heladerías del centro de la ciudad (…). No viajar en coche o automóvil con ningún hombre excepto su hermano o su padre (…). Usar al menos dos enaguas.” Todas esas lindezas en muchos casos, hasta hoy, sobrevuelan en el imaginario social.
También las había maestras sostén del hogar que debían trabajar en sitios alejados de su residencia y no tenían estabilidad. Cada tanto les venía el “traslado” y debían acatar. A los esposos que las acompañaban les resultaba muy difícil consolidar un trabajo en esa condición de itinerante y se dedicaban a tareas ocasionales o a ocuparse de las labores hogareñas mientras la esposa permanecía en el aula. Los “fogoneros” a cargo de la cocina como los caracterizaba Arturo Jauretche.  

PROFESIONALES LIBERALES

Por lo expuesto el sector no lograba una organización sindical como el resto de las actividades que tempranamente comenzaron con la formación de gremios. Los intentos fueron tímidas asociaciones de maestras que no se asimilaban a los trabajadores asalariados. En Entre Ríos en 1918 se creó una Asociación del Magisterio de Paraná con características similares.
Fue a partir de la década de 1960 que comenzaron los primeros intentos de agremiaciones percibiéndose los docentes como trabajadores de la educación y no como profesionales liberales.
En Entre Ríos, tras la experiencia de CTERA a nivel nacional (a partir del Congreso de Huerta Grande en 1973), los docentes encauzaron sus reclamos mediante la organización sindical.
En principio surgieron varias organizaciones que nucleaban a la actividad, nos informa un documento publicado por Elena Arnaudin, como “la Federación del Magisterio de Entre Ríos que agremiaba a los maestros dependientes del estado provincial; la Federación de Docentes Nacionales de Entre Ríos que nucleaba a los maestros de las escuelas ‘Láinez’; los Centros de Profesores Diplomados; la Unión Gremial de Maestros Privados Entrerrianos y la Asociación del Magisterio de Paraná, los que participaron del Congreso fundacional de la Ctera del 11 de septiembre de 1973, sosteniendo sus principios fundamentales del rol social y político de la escuela pública, de la obligación indelegable del Estado de sostenerla, de la democracia sindical y de la autonomía político partidaria de las organizaciones gremiales.”
Finalmente, el 22 de junio de 1981, nació la Asociación Gremial del Magisterio de Entre Ríos que coexistía con el Centro Entrerriano de Docentes de Enseñanza Media y Superior (CEDEMYS). Según la convocatoria a la asamblea fundacional, publicada por EL DIARIO el 19 de junio, el gremio era la continuidad de la mutual Asociación del Magisterio fundada en 1918. 
La primera comisión directiva de AGMER fue presidida por Roberto Barbero. Como reivindicación inicial tomarán la reincorporación de todos los docentes cesanteados por el gobierno de facto que había arrebatado el poder en 1976.
Luego comenzaron a trabajar con grupos organizados en distintos departamentos de la provincia para consolidar su presencia territorial. En 1983, se organizó una Junta Provisoria, de carácter provincial, encabezada por Alba Bochatón de Dondo como secretaria general. En 1984 fue elegida secretaria general Clelia Lavini, una histórica militante del gremialismo docente, que robusteció la organización del gremio.

LA UNIDAD EN MARCHA

En 1988 los docentes del país protagonizaron la histórica Marcha Blanca, huelga nacional de 43 días, que exigía salario único en todo el país, paritaria docente nacional, la sanción de una ley de financiamiento educativo y una nueva ley nacional de educación. Este hecho movilizó a la docencia entrerriana que comprendió la importancia de marchar unidos en las reivindicaciones y los impulsó a fusionar ambas organizaciones, dando origen a AGMER-CEDEMYS. En septiembre de ese año los afiliados de ambos sindicatos eligieron una conducción unificada: Ricardo Matzkin (por AGMER) surgió como secretario general y Blanca Benavídez (CEDEMYS), secretaria adjunta.
En 1990 el principal gremio docente entrerriano pasó a denominarse definitivamente AGMER. La actividad gremial provincial también se canalizaba a través de la Unión Docentes Argentinos (UDA), AMET (docentes de escuelas técnicas) y SADOP (educación privada).
Uno de los acontecimientos más importantes a nivel nacional que tuvo como protagonista a AGMER fue la Carpa Blanca instalada en frente al Congreso a partir de 1997, que duró 1003 días.
Una de las conquistas de la Carpa Blanca fue la creación del hoy vapuleado Fondo Nacional de Incentivo Docente (FONID) que el estado nacional distribuía entre las provincias para reforzar los salarios.

Para seguir leyendo

Arnaudin, Elena (Recopilación), AGMER – 22 de junio de 1981 – 2009 http://www.agmeruruguay.com.ar/agmer28aniversario.htm (Febrero 2015)

Más temas sobre nuestra región en http://lasolapaentrerriana.blogspot.com/

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