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Supremo Entrerriano, en el cimiento de Santa Elena

Parece pintado el cielo sobre Supremo Entrerriano, la crucial calle de Santa Elena.

Célebre por el matadero y frigorífico de origen inglés, la norteña Santa Elena es ahora un paraíso de la pesca y la vida al aire libre. La atraviesa una calle que honra a Francisco Ramírez: Supremo Entrerriano. Su historia es la del sacrificio y dedicación de una ciudad laboriosa, de sol a sol.

Estrella Rivero (*)

Especial para EL DIARIO

Ciertas calles llevan inscriptas la historia de un sector de la ciudad. Pero esa grafía no siempre está a la vista de todos. Puede estar escondida en una moldura o una efigie, a la altura de los cables; resguardada tras las apariencias de una puerta que ya no se fabrica; camuflada en un picaporte que le da distinción a una abertura o, peor aún, preservada debajo del revoque, en la medida de los ladrillos y la forma en que conforman un muro.

Y así con otros elementos, incluso no materiales, condenados al olvido si no fuera porque alguien los recuerda y los vuelve memoria.

Algo de eso puede que ocurra con una calle de Santa Elena, Supremo Entrerriano, una de las tres más gravitantes del casco urbano de la ciudad que fuera renombrada por la instalación y funcionamiento de un frigorífico, por los ingleses.

Curiosamente, a 150 kilómetros de Paraná, por la ruta nacional 12, aquella arteria y sus sucesivas transformaciones pueden estar hablando de un puñado de calles y avenidas capitalinas, que acompañan el devenir de proyectos de crecimiento.

Para que se tenga en cuenta, hacia 1961 se licitaba una obra municipal para el enripiado de 30 cuadras de Santa Elena, comenzando por calle Supremo Entrerriano. La elección no fue casual, ya que para entonces era intensa la actividad peatonal y vial, unida a un variado intercambio comercial en las inmediaciones.

Ese mismo año, se inauguró una nueva red de luminarias en todo el trayecto, con lámparas de vapor de mercurio, toda una innovación para la época, en el marco de los mejoramientos a los procesos de fabricación y durabilidad.

La calle, hoy reconvertida en semipeatonal, es el resultado de esa evolución histórica, urbana y comercial que señalamos, siendo una de las arterias que contribuyen a la dinámica económica de la comunidad y que, a su vez, pueden disfrutar tanto residentes como visitantes.

En efecto, Supremo Entrerriano es la segunda arteria más extensa de la ciudad pensada desde el comienzo en el centro de Santa Elena. Hace casi 60 años contaba con cinco cuadras que hoy van del 0 al 2.000. Viajar a través de los recuerdos de Ángel ‘Don Toto’ Bodemmam permite recorrer esta calle desde sus cimientos. ¿La recorremos?

La calle Supremo Entrerriano es paralela a la avenida Juan Domingo Perón, ambas son las más extensas de la ciudad de Santa Elena. La primera corre de izquierda a derecha y la segunda de derecha a izquierda.

Los memoriosos recuerdan que Supremo Entrerriano antes era solo de tierra negra, pero a partir de 1965 se puso ripio de piedras redondas y tierra colorada traída desde Chajarí y Mocoretá. Ahí comenzó su inexorable transformación.

Orígenes

Santa Elena es una ciudad fundada primero en torno al saladero, luego al matadero, siguiendo desde 1909 hasta 1973 el frigorífico vacuno Establecimientos Bovril Ltd. A raíz de la concurrencia diaria de los trabajadores en 1969, la Avenida principal Juan Domingo Perón y calle Paraná que conducía a la fábrica fueron las primeras en ser pavimentadas.

 Al igual que el centro de la ciudad fue pensada a partir de la expropiación del Club Urquiza donde se construyó la plaza principal nombrada Centenario, rodeada por las calles Supremo Entrerriano, Eva Perón, 9 de Julio y Buenos Aires.

Esto fue lo que motivó a Hugo Bodemmam, presidente de la Cámara de Comercio, a pedir un crédito al Banco Entre Ríos junto al Consorcio Vecinal formado por los comerciantes Pascual Giménez, Fortunato Cejas, Marcelo Spahn y Luis Lescano. Lo que buscaban era financiamiento para pagar la pavimentación de la calle Supremo Entrerriano, desde 9 de Julio hasta Mariano Moreno.

La Municipalidad aprobó el convenio para asfaltar esta arteria el 20 de marzo de 1971 con la ordenanza N°40/71, según los decretos que figuran de aquel entonces. Posterior al pavimento en 1975 la ordenanza, en memoria del caudillo federal argentino, le puso el nombre de Supremo Entrerriano, también conocido como Francisco Ramírez, a la calle paralela a la Avenida Juan Domingo Perón.

Don Toto es hijo de Hugo Bodemmam y una de las pocas personas que siguió sus pasos sobre los cimientos de esta calle desde que su padre fundó la zapatería Casa Goody en 1952. Siguió con su distribuidora Todo Toto, ahora llamada Distribuidora Bodemmam desde hace ya 37 años.

“Yo nací en el ‘55, teníamos un rancho atrás de la zapatería de mi padre, como tantas familias de Santa Elena en ese entonces”, comentó Don Toto, con una sonrisa, al recordar el pasado. También Bodemman mencionó que a sus 16 años jugaba a la pelota sobre el ripio durante los días de lluvia, manchando sus pies y ropa al correr.

Distinguida

Santa Elena es un lugar de aire puro, con una gran cantidad de espacios verdes y una brisa tranquila por el suspiro del Río Paraná. Esta nota también caracterizó el centro de la ciudad y esta calle en particular como el espacio donde se centralizaron los comercios más antiguos de la localidad.

A través de los relatos de Don Toto se puede recorrer la arteria en la que antes estaba la primera ferretería de Santa Elena de Fortunato Cejas, la farmacia de Luis Lescano y frente a esta la Panadería de Marcelo Spahn, así como otros tantos comercios que pasaron a lo largo de 60 años.

“A partir de que se asfaltó la calle la gente empezó a hacer cordón y vereda, las propiedades tomaron otra dimensión y calidez”, recuerda Bodemmam. Luego de tantos años los vecinos que siguen creando historia volvieron a sentir motivación por los cambios en esta arteria: antes por el ripio, después por el asfalto y hace tres años por una semipeatonal.

Así es, a principios de 2020, por los 150 años de la ciudad, el municipio consiguió financiamiento nacional para transformar 300 metros en una semipeatonal. Cambiaron la cloaca e instalaron nuevos caños de agua. Bodemmam contó con orgullo que la arquitecta encargada del proyecto fue su hija, Milagros.

La semipeatonal cambió los cordones tradicionales por veredas en blanco y negro, con guía en medio para no videntes. El asfalto se modificó por adoquines y en sus laterales también se colocó césped, palmeras y una variedad de rosas, además de luces que cuelgan de los postes haciendo de esta arteria el paisaje más hermoso.

Rodeando la plaza Centenario hay una variedad de árboles como el palo borracho, nogal, eucalipto, lapachos y un parque infantil sobre la calle 9 de Julio. Y el monumento principal: la estatua de bronce en referencia a Don Antonio Rivero, El Gaucho, un exponente local que defendió nuestro patrimonio en las Islas Malvinas, de los extranjeros.

Aunque el paseo por el centro de la ciudad siempre fue el plan de los fines de semana de cada familia santaelenense, pocos registros pueden reflejar la historia que hay debajo de este pavimento. Lo que antes eran terrenos baldíos se convirtieron en viviendas, comercios, escuelas y más lugares donde se crean momentos que ameritan ser contados.

(*) Estudiante del Taller de Especialización I. Redacción, de la carrera de Lic. en Com. Social de la Fac. de Cs. de la Educación, de la UNER.

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