lunes , 26 febrero 2024
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Un sueño friulano en las afueras de Paraná

En Villa Fontana se mantienen costumbres de antaño.
Una iglesia y una empresa cerealera son enclaves característicos de Villa Fontana. Dedicada a la agricultura y la ganadería, la pequeña comunidad mantiene una identidad pueblerina organizada en base a rituales que se respetan gustosamente. La novena en honor a Santa Rosa de Lima y la Fiesta de la Cosecha son dos eventos significativos para los residentes.

A 28 kilómetros de Paraná, Villa Fontana sigue siendo una comunidad tranquila, laboriosa, cuya estructura urbana se despliega a un lado y otro de la ex Ruta Nacional 131. La actividad económica dominante es la agrícola-ganadera, aspecto que modela cierto perfil industrial. Si bien la localidad tiene 132 años, la ruta que la atraviesa fue asfaltada recién en 2011. Desde entonces, la circulación vehicular ha sido más fluida y también la presencia de ciclistas, que especialmente los fines de semana, de manera individual, de a pares, o en pelotones encuentran en Villa Fontana una referencia y muchas veces una estación de reparo e hidratación.

Los orígenes de Villa Fontana están atados al campamento de los trabajadores de Racedo que construyó la vía del tren. El pueblo tiene la particularidad de poseer sus principales construcciones sobre la ruta, utilizándola como avenida y permaneciendo como el único trazo asfaltado.

A diferencia de otras poblaciones de la zona, que se caracterizan por ser descendientes de alemanes del Volga, Villa Fontana fue fundada por Giovanni Fontana y Lucía Scarel. Como tantos otros inmigrantes, vinieron “a hacer la tierra”, desde Friuli, Italia, en 1886. En primera instancia arribaron a San Benito, con cinco hijos y dos sobrinos, dejando a una hija ya casada en su país natal.

Uno de sus descendientes es Félix Fontana, de 96 años de edad. Él conoce la historia del pueblo como nadie. Por eso EL DIARIO lo entrevistó.

 “En principio eran 350 hectáreas, de las cuales 50 ya habían sido compradas por el gobernador Eduardo Racedo para hacer la vía. La familia Fontana compró 210 hectáreas y los sobrinos, más adelante, adquirieron otras 100. No pudieron escriturar hasta 1891, año que coincide con el momento en el que se le cambió el nombre. Antes se llamaba Colonia Fragueiro, de ahí quedó Colonia Fontana”, prologó.

El trabajo rural atraviesa la cultura de Villa Fontana.

La decisión de nombrar al pueblo de esta manera se debe a que quienes se encargaron de la construcción y puesta en funcionamiento de las principales instituciones, fueron habitantes de apellido Fontana. “En 1891, los hijos de Giovanni donaron 5 hectáreas para hacer el pueblo, la escuela, la capilla, la comisaría y demás”, afirmó el entrevistado y agregó que había un maestro francés que enseñaba clases particulares. No obstante, el nombre de la localidad no estaba oficializado y sólo se utilizaba en la oralidad.

Por entonces, las clases tenían lugar en la casa de Francisco Fontana y venían dos maestras que llegaban los lunes en tren hasta Tezanos Pinto, a pocos kilómetros del pueblo, y “alguien tenía que buscarlas y llevarlas en sulky”, añadió Félix. Las docentes se quedaban hasta el sábado, día en el que también había jornada escolar. “La escuela era una casita vieja que habían arreglado y fue utilizada para tal fin durante cuatro o cinco años. Luego, en 1909 se trasladó al nuevo edificio en el pueblo. Recuerdo que todos vinieron caminando con banderas; eran unos 800 metros, y fueron hasta la vía a saludar al tren que pasaba”.

Mojones urbanos

Quienes conocen Villa Fontana saben que una de sus mayores construcciones son los silos en los que se guardan los cereales producidos en la zona. “En 1910, un señor de apellido Jaroslavsky instaló un acopio de cereales y compró un galpón para poner una cerealera. Tenía un desvío para cargar el cereal en los vagones y cargaban las bolsas a mano”, detalló el entrevistado. El trazado de la ruta, dos años más tarde, fue un hecho fundamental para el transporte del alimento y de las personas.

Jaroslavsky, en 1953, dejó el acopio de cereales y aconsejó que hagan una cooperativa, que no funcionó. “Unos vecinos compraron el galpón, pero estuvo unos 3 años vacío, así que lo pedían prestado y se organizaban bailes”. En 1957 llegó la firma Jaime Hermanos, alquilaron el galpón y pusieron un almacén de ramos generales, tienda y acopio de cereales.

Otro ícono arquitectónico de Villa Fontana es la iglesia Santa Rosa de Lima, construida en el centro del pueblo por vecinos que profesaban el catolicismo. En 1917 la familia Lafarga donó el terreno, un lote de 50 metros de ancho por 70 metros de largo. “Como él se llamaba José, y ella Rosa, decidieron que San José y Santa Rosa sean los patrones y hoy la iglesia lleva sus nombres”, explicó Fontana. La santa, primera latinoamericana en ser canonizada, también da nombre a la fiesta más importante del pueblo que se conmemora cada 30 de agosto.

En otro momento, el entrevistado recordó que “cuando hubo que elegir el nombre oficial del pueblo, se optó Villa Fontana, en homenaje a quienes habían participado más activamente en su fundación”.

La iglesia es uno de los puntos de referencia, para residentes y visitantes de Villa Fontana

En 1918 se hizo la bendición de la Piedra Fundamental, se leyó el Acta que decía que la capilla se iba a construir “en el lugar que se llamará Villa Fontana”. Ese día estuvieron presentes autoridades gubernamentales, eclesiásticas, padrinos y demás. En 1921 se terminó la construcción del templo y a fines de 1923 se colocaron las campanas, llegadas de Hamburgo, Alemania.

Un paso adelante

En la memoria de Félix Fontana el año 1934 ocupa un lugar relevante. Fue cuando llegó el teléfono a Villa Fontana, lo que marcó un antes y un después en la comunicación a distancia. El dispositivo “se instaló en la casa de los hermanos Todoni y el telefonista era uno de ellos”.

Más tarde, hacia 1950 se construyó la comisaría, un verdadero hito, ya que anteriormente estaba en Tezanos Pinto.

Como en todo pueblo, los campeonatos de fútbol ocupan un rol prioritario. Quien se acerque a Villa Fontana, cualquier día y en todo horario, seguramente se encontrará con jóvenes pateando en el predio detrás de la iglesia. Félix hizo alusión a esta práctica. “En el año ‘51 se hizo el club, la cancha estaba en el campo de Andrés y Alfonso Gareis, y las reuniones se hacían en la casa de Jacinto Giacinti, al lado de la vía. Como el nombre del ferrocarril era Gral. Urquiza, el club tomó la misma nomenclatura”.

En 1959, un emprendedor de apellido Jaime “probó poner una fábrica de aceite. Contaba con dos prensas y un motor a vapor y a la inauguración vino Raúl Lucio Uranga, siendo el primer Gobernador que visitó el pueblo. Los vecinos aprovecharon para solicitar que el ‘tren lechero’ pare en el pueblo, porque antes no lo hacía”.

De festejos

Para el mes de noviembre, desde hace dos años, en Villa Fontana se realiza la Fiesta de la Cosecha. Asisten los habitantes, pero también residentes de zonas aledañas. La festividad está en la sangre de los pueblerinos, quienes pese a contar con una importante cantidad de descendientes de friulanos, conservan bailes, comidas y tradiciones alemanas, situación que se refleja también en los apellidos de muchos habitantes.

En 1967 se hizo la Fiesta del Lino. “La primera edición se hizo en la vieja aceitera, pero para la segunda ya tenían comprado el terreno donde iban a construir una nueva fábrica. Después se mudó a la nueva construcción, trabajó unos años y, cuando el aceite de lino perdió lugar, cerró sus puertas”.

Félix Fontana recordó que quedó entonces el galpón vacío, el cual era utilizado para hacer bailes. “Vinieron varias orquestas como la de Tarragó Ros, Enrique Rodríguez, y Donato Racciatti”. Años más tarde, la familia Miranda adquirió un predio vecino e instaló unos silos, pero poco tiempo después, en 1986, Bolzán compró y dio inicio a la actual cerealera, que ahora es “una de las más grandes del país”.

En 1968 se cumplieron 50 años de la Capilla San José. Estuvieron presentes distintos representantes del gobierno provincial y de Juntas de Gobierno. “Aquella vez, se volvió a leer el Acta de 1918 y recién oficializaron el nombre de Villa Fontana hacia el siguiente año”.

La fuente consultada, agregó que “hacia la década de 1980, Andrés Gareis y señora donaron un terreno para hacer el cementerio, ya que antes se enterraban los cuerpos en San Benito y en otros pueblos. A muchos los desenterraron y los trajeron Villa Fontana cuando se hicieron los nichos para que quedaran acá”.

En la historia del progreso de Villa Fontana hay dos circunstancias clave. Uno de ellos es que durante la década del ‘90 se construyó el centro de salud, en un terreno que fuera donado por la familia Giacinti. El otro es la instalación de una sala velatoria en el campo de la iglesia, con lo cual los rituales de despedida se dejaron de realizar en las casas particulares.

Cabe destacar que Félix nació y vivió siempre en Villa Fontana. Vio los cambios del pueblo, la construcción de sus instituciones, la llegada de nuevos habitantes y despidió a antiguos pobladores que decidieron tomar otros rumbos, pero que siempre tendrán consigo una parte de lo que el pueblo les dispensó.

Pese a la diversidad cultural que caracteriza el presente de esta localidad, hay costumbres que se conservan como el tomar mate al frente de la casa, la tranquilidad propia de una zona rural y la sensación de conformar una gran familia como seguramente lo habrán soñado Giovanni y Lucía cuando arribaron al “medio de la nada”, que luego de 132 años de historia significa un hogar seguro para tantas personas.

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