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La carqueja y el diente de león fuertes antivirales naturales

Es tan necesario hablar de las ITS como del poder curativo de ciertas plantas. Foto: Sergio Ruiz.
Dos plantas de consumo frecuente como la carqueja y el diente de león pueden ser eficaces para la prevención del virus del papiloma humano y la clamidia. Al menos esa es la hipótesis de un grupo de especialistas cordobeses que está investigando las enfermedades de transmisión sexual en personas gestantes.

Griselda Acuña | [email protected]

Investigadores del Instituto de Virología José María Vanella, de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Córdoba, se encuentran trabajando en la detección de infecciones de transmisión sexual en personas gestantes. La pretensión es aportar evidencia para evaluar la necesidad de incorporar test del virus del papiloma humano y clamidia durante la gestación, y así evitar las consecuencias que estos virus puedan producir sobre la salud de la madre y el bebé.

El VPH representa un grupo de virus que infecta la piel y las zonas genitales. Existen alrededor de 200 tipos de VPH, los cuales se pueden dividir en los de bajo riesgo, que pueden producir lesiones benignas; y los de alto riesgo, que pueden derivar en lesiones cancerosas, siendo la causa más frecuente de cáncer de útero.

Desde hace años, un grupo de investigación del Instituto de Virología José María Vanella, de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Córdoba, trabaja en la detección de infecciones de transmisión sexual en embarazadas, principalmente con VPH y clamidia.

La clamidia, también conocida como clamidiasis, es una infección bacteriana común que se cura fácilmente con antibióticos. Es una de las enfermedades de transmisión sexual más frecuente. La mayoría de las personas que la tienen no presentan síntomas.

La clamidia se transmite a través del sexo vaginal, anal u oral. La bacteria se encuentra en el semen, el líquido preeyaculatorio y los fluidos vaginales. La clamidia puede infectar el pene, la vagina, el cuello uterino, el ano, la uretra, los ojos y la garganta o boca.

Voluntades

El proyecto es dirigido por Jessica Mosmann, becaria posdoctoral del Conicet y docente de la UNC. Completan el equipo de trabajo las co-directoras e investigadoras Lucía Ghietto y Giuliana Lingua. La tutora es Cecilia Cuffini, responsable del Laboratorio de Chlamydias y Virus Papiloma Humano.

Ante una consulta, Jessica Mosmann explicó que “las ITS en la persona gestante tienen un doble impacto, ya que además de la infección en la gestante, éstas pueden ser transmitidas al neonato, lo que podría generar patologías durante el período neonatal o luego de años. Es por ello, que fortalecer el cuidado integral de la salud y la vida de las embarazadas, de los niños y las niñas en la primera infancia, fue un aspecto contemplado en la reciente Ley 27.611 en su artículo 1. Sin embargo, esta ley nacional, no señaló las medidas específicas que podrían evitar la infección en la persona gestante, así como la transmisión”.

Luego, añadió que “en un estudio preliminar, previo a la pandemia, nuestro grupo de trabajo detectó un 69% de VPH en mujeres de 15 a 42 años de edad de la capital cordobesa que, en ese entonces, cursaban el tercer trimestre de embarazo”.

De ese análisis llevado a cabo entre 2017 y 2019, se tomaron las muestras de pacientes de un hospital y de un sanatorio, actividad que fue previamente avalada por un Comité de Ética. “La idea justamente era poder comparar los centros privados y públicos. En ese momento nos encontramos que en el centro público había una prevalencia mucho más alta del VPH que en los privados; eso quizás tiene que ver con que las personas que concurren a un centro privado cumplen más con los controles prenatales mientras que en los centros públicos, la mayoría de las personas habían hecho controles frecuentes”, explicó la investigadora haciendo referencia al dato que disparó el trabajo que está en marcha.

Un equipo investiga cómo limitar la transmisión de enfermedades sexuales en personas gestantes. Foto: Juliana Faggi.

Itinerarios

Mosmann reside desde hace años en Córdoba, en tanto es oriunda de la provincia de Chaco y pasó toda su etapa de estudiante universitaria en Misiones, dado que cursó Genética en la Facultad de Ciencias Exactas, Químicas y Naturales de la Unam.

“El trabajo que estamos desarrollando en este momento tiene como referencia dos centros públicos de la provincia de Córdoba: uno es el Hospital de Maternidad Nacional y el otro la Maternidad Provincial, ambos son públicos. La idea sería incluir más adelante también un centro privado en este estudio post pandemia, pero por el momento no lo hacemos porque los protocolos de los Comité de Ética llevan muchos meses”, desarrolló.

La línea de investigación busca comparar resultados: teniendo en cuenta que “hubo un aumento de infecciones de transmisión sexual en la población en general – después de la crisis sanitaria que generó el coronavirus-; la idea fue ver qué pasaba actualmente y compararlo con este estudio previo que teníamos”, aclaró la entrevistada.

“Creemos que vamos a encontrar un porcentaje igual o quizás superior de lo que ya hemos encontrado. El objetivo es aportar esos resultados para que a nivel de Salud Pública después se puedan tomar algunas decisiones. Cuando una persona queda embarazada, se le hacen estudios de infecciones de ITS principalmente hepatitis, VIH, y sífilis, porque estas infecciones pueden tener riesgos para el recién nacido y eso está regulado. Pero no está regulado contemplar los análisis de VPH o clamidia”, observó Mosmann.

Según explicó la investigadora, la persona gestante con el virus del papiloma humano puede tener verrugas visibles o no, e igualmente tiene riesgo de transmitir al niño la infección durante el parto. “Una de las patologías asociadas se llama papilomatosis respiratoria recurrente, que son pequeños tumores benignos producidos por VPH pero que infectan a la parte respiratoria produciendo, en el caso de los niños, un montón de verrugas en la laríngea, que pueden llegar a obstruir la respiración; entonces el tratamiento para este tipo de infecciones es quirúrgico”, describió.

Y continuó. “Si bien es benigno, es necesario que esté constantemente produciéndose una cirugía para extirpar esas verrugas; entonces, un objetivo sería evitar este tipo de transmisiones; después, puede haber verrugas genitales también en niños, no de relaciones sexuales obviamente, sino por el contacto con la madre infectada con el virus; por eso la importancia de regular este tipo de estudios para identificar si la gestante tiene VPH”.

Complementos

Si bien en la actualidad existen vacunas diseñadas para prevenir la infección por el virus y en consecuencia disminuir la incidencia de la infección por VPH, son acciones profilácticas y no terapéuticas; por lo tanto, la inmunización no garantizaría un beneficio a priori a las personas gestantes y sus parejas sexuales que ya estén infectadas, advirtió el equipo de investigación de Mosmann, en su informe académico.

Hay que fomentar investigaciones para la búsqueda de nuevas alternativas terapéuticas que sean eficaces y de bajo costo

Y agregó que, “por lo tanto, es imprescindible fomentar el desarrollo de investigaciones para la búsqueda de nuevas alternativas terapéuticas que sean eficaces, de bajo costo para asegurar el acceso a las poblaciones más vulnerables, con menores efectos adversos para asegurar la continuidad en el tratamiento y con baja probabilidad de generar resistencia”.

Una arista de este proyecto es la investigación de medidas terapéuticas. Las plantas en estudio son carqueja y diente de león, en los que está comprobado la respuesta antiviral promisoria frente a los virus herpes simple y chikungunya.

“Hoy en día está muy en boga la fitomedicina y en el Instituto tenemos un laboratorio de extractos naturales. Justamente avanzamos en el estudio de plantas medicinales como potenciales antivirales, como una alternativa de gran importancia. La Organización Mundial de la Salud tiene claro que el 80% de la población mundial utiliza plantas en sus medicamentos”, comentó Mosmann.

“De esta manera -señaló- el criterio general para seleccionar una especie vegetal, a fin de llevar a cabo un estudio químico-farmacológico, es el uso que una determinada etnia le atribuye a esa planta, por tradición, para tratar una determinada afección. Así Taraxacum officinale G. Weber ex F.H. Wigg, comúnmente conocida como “diente de león” o “achicoria amarga” y Baccharis crispa Spreng, conocida como carqueja, son especies ampliamente utilizadas en la medicina tradicional con diferentes fines terapéuticos, entre los cuales se menciona su potencial actividad antiviral frente a diversos virus de interés para la salud pública. Estudios previos de nuestro grupo de trabajo han encontrado una promisoria respuesta antiviral de los extractos de carqueja frente a los virus herpes simple tipo I y chikungunya”, explicó la investigadora.

Las ITS en las mujeres embarazadas tienen un doble impacto, ya que además de la infección en la gestante, éstas pueden ser transmitidas al neonato

Un problema frecuente

Se estima que 4 de cada 5 personas van a contraer uno o varios de los tipos de VPH en algún momento de sus vidas. El dato oficial alcanza para hacernos una mejor idea sobre la implicancia de esta problemática.

Una de las formas de prevenir el virus del papiloma humano es a través de la vacunación. Cuando se administra en las edades recomendadas, protege contra la infección por el VPH, previniendo el desarrollo de enfermedades asociadas como verrugas genitales y cánceres.

En la estrategia de vacunación se contempla que la primera dosis sea a los 11 años de edad; y la segunda a los seis meses de la primera dosis.

En caso de no haber recibido la vacuna a la edad correspondiente, la misma está disponible para las mujeres nacidas a partir del año 2000 y los varones nacidos a partir del año 2006, siempre y cuando tengan menos de 26 años al momento de la vacunación.

El equipo de investigadores de Córdoba está enfocado en otro escenario: la posibilidad de que la madre transmita una infección al bebé que está gestando. De ese modo, el estudio de la Universidad de Córdoba procura diseñar un tratamiento que complemente el existente, basado en la vacunación desde los 11 años.

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