domingo , 25 febrero 2024
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Rosa Guarú, la madre indígena de San Martín

Más allá del significado estrictamente formal, si la madre de José de San Martín fuera Rosa Guarú, de los pueblos originarios, produciría una herida narcisista en la historia oficial, para quien los héroes eran extranjeros o descendientes directos de ellos. La guaraní Rosa Guarú lo crió al Libertador, pero luego sus caminos se abrieron, para congoja de ella.

 

 

Angelina Uzín Olleros

Especial para El Diario

 

Juan de San Martín y Gómez (1728-1796) llegó a Buenos Aires desde España y se casó con Gregoria Matorras (1738-1813) que también era oriunda de una provincia española. En la localidad de Las Vacas él trabajó como administrador de una estancia. El matrimonio tuvo tres hijos. El buen desempeño de Juan de San Martín y Gómez en la administración y su formación militar hizo que lo designaran teniente del gobernador en Yapeyú, Corrientes. En 1775 se estableció con su familia en el lugar. Ellos fueron los padres de San Martín para la historia oficial, sin embargo, existe toda una línea de investigación que sostiene que la madre biológica de José de San Martín fue Rosa Guarú y su padre, Diego de Alvear.

El abogado y escritor Hugo Chumbita (La Pampa, 1940), en su libro “Hijos del país. San Martín, Yrigoyen y Perón”, cuenta que “nunca se encontró la fe de bautismo de San Martín, que hubiera permitido constatar la fecha y otras circunstancias de su nacimiento; podemos tener por cierto que nació en Yapeyú, uno de los treinta pueblos indios de las Misiones guaraníticas.” El capítulo en cuestión está ilustrado con una imagen de Rosa Guarú junto al niño José de San Martín, en el mural del artista Rubén Vispo (1917-2008) que se encuentra en el Museo del Instituto Sanmartiniano de Corrientes.

 

Disparadores

Chumbita dedicó al menos tres libros al tema. En uno de ellos, titulado “El secreto de Yapeyú. El origen mestizo de San Martín”, cuenta que Diego de Alvear entre 1777 y 1778, al pasar por Yapeyú, se hospedó en la casa de la familia San Martín en la que Rosa Guarú estaba como una de las servidoras atendiendo a los niños. Ella tenía diecisiete años. En esa época había quedado embarazada de Alvear. María Elena Báez sostuvo que Rosa era la madre del Libertador, pero nunca habló de quién había sido su padre. La tradición oral del pueblo se alimentó siempre de esa versión: San Martín fue criado como hijo propio junto a sus hermanos, que no eran de su sangre.

La nieta de Diego de Alvear, quien fuera brigadier de la Armada Española, Joaquina de Alvear, escribe una memoria familiar que entrelaza las historias de su abuelo, su padre el general Carlos de Alvear y quien denomina “tío carnal”, el general José de San Martín.

El manuscrito de Joaquina data de los años 1874 y 1878. En él revela el secreto de familia: San Martín era hijo natural de don Diego y una indígena misionera. Ese dato no sólo cuestiona la biografía tradicional, sino que da cuenta de otra manera de abordar el compromiso de San Martín con la causa de la revolución independentista sudamericana.

Este excepcional documento, fue comentado y transcripto por Hugo Chumbita junto a Diego Herrera Vegas (1943-2021). Es una de las claves que permiten dilucidar un enigma histórico, un rompecabezas que quedó con piezas esparcidas sin poder unir el árbol genealógico de San Martín de modo certero. Podemos pensar que la historia oficial se resguardó en la comodidad de contar el entorno familiar con sus padres y hermanos dando así un marco, un retrato de familia que otorgue a la historia argentina una postal más ordenada de la vida del Libertador.

Pero también debemos pensar que la aceptación del origen mestizo de San Martín, denominado en diferentes momentos como “el santo de la espada” o el “padre de la patria” es admitir que nuestras procedencias son mestizas y que quienes participaron de la fundación de este territorio, esta cultura, este mapa geopolítico, no son inmigrantes españoles o su descendencia, sino que ahí mismo estaban los pueblos originarios formando parte de ese entramado.

Cronista despreciada

El libro El manuscrito de Joaquina: San Martín y el secreto de la familia Alvear, de Chumbita & Herrera Vegas, devela otras cuestiones que hacen a estos momentos fundacionales de nuestro presente histórico.

“Las memorias de Joaquina trazan además el cuadro vivo de otros sucesos y actores que ella conoció en Buenos Aires, en París y en Rosario. Sus páginas retratan el ascenso de Rosas, el martirio de Camila O’Gorman, hablan de Lavalle, Dorrego y Facundo, del apogeo de Urquiza y de las figuras de Sarmiento, Mitre y Alsina. Pero Joaquina fue tachada de loca, sospechosa de infidelidad y encerrada por su marido en una estancia, desde donde alegó insistentemente por su libertad y su verdad”, afirmó Diego Herrera Vegas, quien tenía en su poder el original del documento.

Por otra parte, una antigua versión difundida en la región correntina del Dr. Víctor Cejas y otros pobladores, afirma que Diego de Alvear supo que era padre de ese niño y no podía reconocerlo porque un hijo ilegítimo empañaría su reputación. Es cierto además que un mestizo sin padre tendría vedada cualquier carrera digna; por esos motivos, Alvear le solicitó a Juan de San Martín que adoptara al niño y que él se haría cargo de costear su educación. “En el pueblo de Yapeyú, al ver la preocupación de la familia San Martín por aquella criatura, a la que hicieron bautizar y vestir como a los demás niños y tenía la piel más clara que la de su madre india, hubo quienes pensaron que el padre debía ser el teniente gobernador”, dice Chumbita.

Rosa Guarú amamantaba y cuidaba al niño. Obedeció la decisión de sus patrones pensando que su hijo podría educarse y vivir mejor. Ella vivió hasta cumplir más de cien años. Los viejos pobladores yapeyuanos contaban que ella nunca olvidó a José Francisco, ese niño que se llevaron para siempre y que llegaría a ser con el tiempo el gran jefe de la Patria y del que ella era su verdadera madre.

Al morir, entre sus manos se llevó un relicario de oro regalado por su hijo amado. La tumba de Rosa Guarú pertenece al departamento La Cruz y se encuentra en una loma de difícil acceso. Actualmente gran parte del cementerio está abandonado y luego de la muerte del custodio cesaron las procesiones a ese lugar.

 

Con luz propia

La idea de “Las otras en nosotros” es poner la lupa en biografías de mujeres que en otro tiempo y en otro lugar acompañaron a personajes célebres de la historia: fueron hijas, hermanas, esposas, amantes, maestras, que brillaron con luz propia, pero quedaron recordadas en un segundo plano y hasta fueron olvidadas por las crónicas de época o tímidamente mencionadas.

La mayoría de los casos guarda relación con esta circunstancia, la de pertenecer a un círculo de ámbitos como los de la ciencia, la política, el arte, y las organizaciones sociales. Sin embargo, también haremos referencia a mujeres que, por su carácter temerario, sus aventuras fuera de lugar o su intrepidez quedaron fijadas en un imaginario popular que alimentó esos mitos con anécdotas y relatos que otorgaron rasgos ficcionales a sus personalidades o actuaciones.

“Rosa Guarú obedeció la decisión de sus patrones pensando que su hijo, José de San Martín, podría educarse y vivir mejor”.

 

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