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La cultura popular modeló la leyenda de Juan Moreira

El carácter de vencido es el responsable de la solidaridad de los lectores y espectadores para con Juan Moreira, convertido en leyenda que trasciende la vida de una persona que se fue involucrando en el mundo del crimen, a mediados del siglo XlX. El folletín, el teatro, y el cine ayudaron a conformar un mito que aún persiste.

 

Gustavo Labriola

Especial para EL DIARIO

Es azarosa la forma en que ciertos relatos son apropiados por las comunidades. Uno de ellos es el de Juan Moreira, un gaucho laborioso dedicado a su trabajo, que a mediados del siglo XlX se vio enfrentado a las autoridades, de un modo que lo obligó a transformarse en un marginal. Desde ese momento, Moreira fue acrecentando su fama de gaucho pendenciero y matón, con varias muertes en su haber. Por estas razones, solo le quedaba escapar. Un día, un grupo de treinta policías lo encontró en el prostíbulo La Estrella, en la provincia de Buenos Aires. Así, en un intento de fuga, el sargento Andrés Chirino mató a Moreira, clavándole la bayoneta de su fusil.

No fue inmediatamente sepultado. La demora tuvo que ver con la repercusión que su muerte había tenido en la población y el morbo de verlo derrotado, indefenso; pero sobre todo por el interés en estudiar su cráneo bajo la luz de las teorías lombrosianas, perspectiva amañada según la cual había algo característico del delincuente que se manifestaba en su conformación anatómica.

En efecto, la historia de Juan Moreira se convirtió en la primera novela argentina basada en hechos reales: su nombre es el del personaje principal y su autor fue Eduardo Gutiérrez (1851-1889). Las vicisitudes de Moreira generaron una fuerte identificación en la sociedad. Su leyenda se inscribe en el grupo de los personajes que “roban a los ricos para dar a los pobres”, como Hormiga Negra, Mate Cosido y Juan Bautista Bairoletto.

En rigor, Gutiérrez describe a Moreira como un gaucho manso, honrado y trabajador, a quien la injusticia lo empujó a la pendiente del crimen. Es esa visión, la del castigado por un sistema judicial que no protege al pequeño propietario rural, la que caló en los lectores. El mensaje que subyace en Gutiérrez es la falta de justicia. “De un hombre nacido para el bien y para ser útil a sus semejantes, hacen una especie de fiera”, retrata. El interés por conocer la historia y el personaje, motivó, incluso, que su sepultura en el cementerio de Lobos, se transformara en un lugar de culto, donde los concurrentes dejan flores.

Ecos

El Moreira de Gutiérrez trascendió el status literario de la obra. De hecho, inspiró a grandes escritores a sumergirse en la historia y en el autor. Uno de ellos fue el poeta entrerriano Evaristo Carriego (1883-1912), que muestra a Moreira como un culto al coraje. Le dedica su poema El guapo, a San Juan Moreira, devotamente. Jorge Luis Borges (1899-1986), también se acerca en el texto titulado Eduardo Gutiérrez, escritor realista. La conexión con el personaje fue tan intensa que incluso llegó a ser conocido en Francia, España e Italia.

En 1884, las compañías circenses de los hermanos Podestá, estrenaron la pantomima de Juan Moreira, basada en una adaptación del propio Gutiérrez. Era el inicio del circo criollo que recorría las ciudades y los pueblos más recónditos del país. La repercusión fue notable y la consustanciación del público con el personaje era tal, que frecuentemente, en el momento de la escena final, con la muerte de Moreira, alguien del público subía al escenario para “defenderlo” del ataque artero.

Al cine

Muchos años más tarde, el multifacético Leonardo Favio (1938-2012), imbuido del sentido popular del teatro y del radioteatro, se acercó a Juan Moreira, y lo filmó con una mirada épica, como una especie de síntesis de su época.

En el libro “De cómo el cine de Leonardo Favio contó el dolor y el amor de su gente, emocionó al cariñoso público, trazó nuevos rumbos para entender la imagen y otras reflexiones”, David Oubiña (Buenos Aires, 1964) y Gonzalo Moises Aguilar (Buenos Aires, 1964) se refieren a la película, que llevó el nombre del personaje central. “El punto de partida del film, es la humanidad misma de Moreira, no su carácter de héroe sino de vencido, de bandido, de puntero político y figura popular. No se lo juzga porque no se parte de la moral que emana de la ley. Para Favio siempre hay más humanidad en un perseguido. Y en el final, cuando Moreira intenta trepar por el muro que lo separa de la libertad, el espectador desea verlo escapar de la bayoneta de Chirino. La solidaridad con el vencido es el primer eslabón de una cadena afectiva de la que se desprenderá una visión más distanciada de su naturaleza moral, política y legendaria”.

El largometraje se estrenó en un momento crucial de la historia argentina. Fue hace 50 años, el 24 de mayo de 1973, en el cine Atlas, en la calle Lavalle de Buenos Aires; en esa época, calle de los cines. Fue un día antes de la asunción de Héctor J. Cámpora como Presidente de la República, luego de que el Frente Justicialista de Liberación ganara las elecciones luego de 18 años de proscripción del Peronismo, al que suscribía Favio.

La película es una especie de western nacional y tuvo una gran repercusión. Fue una de las más vistas en la historia del cine argentino. Entre los méritos artísticos sobresale la solidez del guion, cuyos autores fueron el propio Favio y su hermano Zuhair Jorge Jury.

Por otra parte, la fotografía se regodea en la llanura bonaerense. Los primeros planos en los momentos más dramáticos se integran notablemente con la música de Luis María Serra. Mientras abreva en lo popular, el relato consigue un nivel artístico alto y un notable realismo.

Esa vez, Favio utilizó la cámara al hombro, con un sentido casi documental, buscando resaltar y enaltecer el heroísmo del personaje principal.

 

Antecedentes

No obstante, la versión cinematográfica de Favio no fue la primera. Hubo tres películas antes, inspiradas en Moreira.

En 1913, se estrenó un cortometraje del inmigrante italiano Mario Gallo (1878-1945). La segunda película sobre Moreira se estrenó en 1936. Fue dirigida por Nelo Cosini (1894-1945), con guion del dramaturgo y letrista de tango José González Castillo (1885-1937). Por último, en 1948, el actor Fernando Ochoa (1905-1974) participó en una obra fílmica dirigida por Moglia Barth (1903-1984).

En el apartado titulado Cuatro versiones de Moreira, incluido en el libro “Facundo o Martín Fierro – Los libros que inventaron la Argentina”, Carlos Gamerro (Buenos Aires, 1962) hace se aporte. “La de Moreira es una historia de transformaciones, de versiones que van de la crónica policial al folletín, a la pantomima, al teatro, al cuento corto y al cine; casi todas, con la excepción de la crónica policial y el cuento corto, lo suponen o lo presentan como un mito popular; pero no se trata de un mito popular que estos textos recogen, sino de uno que éstos crean”. Así ocurre desde el momento en que Gutiérrez publicó la historia, en treinta entregas, en La Patria Argentina.

 

 

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