domingo , 14 julio 2024
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Goles y narraciones, un grito sagrado con eco

Durante mucho tiempo, el 14 de mayo fue la fecha elegida para conmemorar el día del futbolista argentino. La causa estaba relacionada con la efeméride de un gol de la selección argentina a Inglaterra, en 1953. Desde 2020, la fecha para conmemorar ese día cambió. Sin embargo, la raíz del argumento sigue siendo un gol al mismo rival. En el camino, los medios para relatar los partidos y los goles fueron cambiando. Así también lo hizo la literatura que se tramó sobre ellos.

 

Alejo Román Paris

Especial para EL DIARIO

“Viejo turista de la zona de Núñez y aledaños, no dejé de notar que venía faltando en su lugar de siempre el monumental estadio de River”. Así empieza narrando Honorio Bustos Domecq el relato titulado Esse es percipi, expresión del latín que significa “ser es ser percibido”.

El nombre, en realidad, es un seudónimo adoptado por Jorge Luis Borges (1899-1986) y Adolfo Bioy Casares (1914-1999). En el cuento se devela que el fútbol no existe fuera del relato de los medios de comunicación, todo lo que la radio dice y los diarios escriben es un circo orquestado previamente según ciertos intereses. A punto tal, que ni siquiera los estados monstruosos que tanto se describen, existen en realidad.

Vienen a decir Borges y Bioy Casares que el ser, a fin de cuentas, se valida en la percepción. El fútbol es sólo una excusa. Sin embargo, aquel gran cuento puede arrojar luz sobre un tema que sí es propio del fútbol. Es el caso del denominado “gol imposible”.

Entre el gas pimienta, en los octavos de final de la Copa Libertadores 2015, y la Superfinal de Mendoza en 2018, en lo que sería el prefacio de la gloria que el Club Atlético River Plate escribiría en Madrid a finales de ese mismo año, el superclásico ha escrito párrafos recientes que ayudan a mitificar el 14 de mayo en la historia del fútbol argentino. No obstante, hay un evento que supo inmortalizar esta fecha, que no tuvo que ver con River ni con Boca, y que se rastrea mucho más en el pasado.

El 14 de mayo fue considerado el día del futbolista argentino en conmemoración al gol que Ernesto Grillo le convirtiera a la selección inglesa, vistiendo la camiseta celeste y blanca de Argentina. El hecho ocurrió en el año 1953, en el estadio del Club Atlético River Plate. El partido terminó 3-1, en favor de la selección de nuestro país. Sin embargo, de los tres goles, el antes referenciado fue arrojado a la posteridad por una concatenación de curiosas variables que lo hicieron posible: lo que se escribió sobre ese gol y la imposibilidad de contrastarlo con registros visuales. Porque, si bien hay imágenes, ni la calidad ni la angulación del encuadre permiten apreciar la jugada que concluye en el grito sagrado de Grillo.

Del jugador a la jugada, de la jugada al gol, del gol a la leyenda. Aquella jornada del 14 de mayo de 1953, el público del Monumental asistió el inicio del mito del “gol imposible”. El evento admite cierta comparación con lo escrito por Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares, bajo el seudónimo de Honorio Bustos Domecq.

El gol del siglo

Los tiempos cambian y, con ellos, también los mecanismos de narración. Para 1986, las transmisiones deportivas de la televisión ya daban cuenta de otra cosa. Fue el capitán de la selección argentina en el mundial de ese año quien esgrimiría críticas agudas al poder que la TV no solo ya tenía, sino del que hacía uso a costa de lo que fuera necesario.

Diego Maradona criticó que la televisión decidiera los horarios de los partidos a costa del sudor de los jugadores que, obligados por las circunstancias, sufrían los embates del calor extremo del mediodía mexicano. Así lo recuerda Eduardo Galeano, en su libro El fútbol a sol y a sombra.

Maradona marcaba que el pan y circo del imperio romano seguía vigente en pleno siglo XX, pero ahora el poder de la TV expandía las gradas mucho más allá del cemento de los grandes estadios. Claramente, las transmisiones deportivas habían mejorado su calidad. Mientras que, por otra parte, los medios de comunicación ya estaban cincelando otras formas de percepción del mundo.

Sin embargo, como el show debía continuar, Argentina tuvo que jugar en aquel mediodía del infierno mexicano que Diego denunció. En una de esas jornadas, se escribiría un párrafo memorable en la historia del fútbol mundial. Aunque el relato es conocido, igual vale el repaso. Por los cuartos de final del mundial de México, Argentina debía enfrentar a Inglaterra. Cuando el árbitro tunecino pitó el inicio del partido, el reloj marcaba exactamente el mediodía. Quizás, más allá de la crítica de Diego para la tiranía de la TV, el destino hizo de las suyas.

Ocurre que, por el horario, la posición del sol iluminaba el campo de manera tal que una estructura en forma de araña donde se había montado un sistema de sonido -a 36 metros sobre el centro del campo-, proyectaba sobre el césped una sombra parecida a un sol. El juego de contrastes ilumina la metáfora divina en el primer gol de Maradona, denominado “la mano de dios”. Sin embargo, es el segundo el que se mitificaría como “el gol del siglo”.

Sobre ambos, la literatura vuelve a salpicar tinta. Eduardo Sacheri (CABA, 1967) tomó uno y otro gol como inspiración para escribir el cuento Me van a tener que disculpar, una retórica moral que dispensa a Maradona del juicio social, por la gesta de aquel día. Mientras que Hernán Casciari (Buenos Aires, 1971) escribió 10.6 segundos, un relato que narra el gol del siglo ejerciendo intertextualidad con el Aleph de Jorge Luis Borges.

“El gol del siglo” y “La mano de dios”, sombra y sol del fútbol argentino.

Escenas

Es claro que, siguiendo la lógica de Bustos Domecq, los medios de comunicación cambiaron la percepción de la realidad. Sin embargo, la literatura supo escribir páginas válidas tanto de una como de otra manera. A través de una mirada crítica sobre el relato de la realidad, Borges y Bioy Casares escribieron Esse es percipi. Mientras que Diego Maradona, a través de los registros audiovisuales de las transmisiones del mundial de México ‘86, iluminó a Sacheri y a Casciari para sus dos cuentos.

Por eso, desde el año 2020 el día del futbolista dejó de ser el 14 de mayo para ser el 22 de junio. Diferente año, diferente país, diferente estadio, diferente protagonista. Pero mismo rival. Resulta interesante la coincidencia, teniendo en cuenta que Inglaterra es el país que inventó el fútbol. Sobre la decisión de la nueva fecha para la conmemoración, hay acuerdo general en considerar la jugada de Maradona en el segundo tanto de Argentina contra Inglaterra, como el mejor gol en la historia de los mundiales.

Puede resultar curioso que se haya elegido alterar la fecha del día del futbolista justo el año de la muerte del propio Maradona.

Quien decida ir aún más allá podrá imaginar también que, con el cambio de fecha para la conmemoración, viene quizás también un reflejo indeseado. Ambos goles de Maradona aquel día iluminan el día del futbolista argentino. Como si fueran las dos caras de una moneda. Una, la del mito, la del talento desbordante; la otra, la de la picardía, la de la avivada, la del engaño. En fin, conviven en la misma identidad la gambeta reglamentaria y también la trampa.

 

 

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