Una mujer de 44 años fue imputada por vender certificados falsos de ANSES por Facebook Marketplace. Un policía encubierto simuló la compra y registró la entrega. En los allanamientos secuestraron 237 formularios y sellos apócrifos. El dato no es menor: no se trata de un papelito perdido en un cajón, sino de un lote que se ofrecía como si fuera un trámite más. Y la operación no se hizo en un rincón oscuro: se movió por una plataforma que cualquiera puede abrir desde el celular.
La operación se movía por una plataforma digital abierta, donde cualquiera puede publicar, buscar y comprar. No era un canal oculto ni un trato en la esquina. Era una vitrina pública, con la misma lógica que un comercio cualquiera. El policía encubierto hizo lo que se hace para atrapar a un vendedor en el acto: simuló la compra y quedó todo registrado. Sin esa grabación, la imputación no se sostiene. Con ella, sí.
237 formularios. No es una hoja suelta tirada en un cajón. Es un lote. Y encima, sellos apócrifos que completan el paquete. El material que salió de los allanamientos no parece de un trámite puntual, sino de una oferta que se repetía. La cantidad habla sola: no era para un solo trámite, era para varios. Y los sellos apócrifos le daban a esos papeles la cara de algo oficial, de algo que parecía válido.
El destino de esos papeles era tramitar la AUH. Un trámite que, cuando se hace con documentación que no existe, deja a la persona que lo necesita en el medio. Y ahí el fraude deja de ser un papeleo y se vuelve una estafa con cara de solución. Quien compra un certificado falso no siempre sabe que le están vendiendo humo. Y cuando se da cuenta, el tiempo ya pasó y el trámite que necesitaba sigue sin estar hecho.
Facebook Marketplace no es un canal oculto. Es una vitrina donde se ofrecen cosas de todo tipo, y cualquiera puede publicar sin que nadie le pregunte por un permiso. Que aparezca ahí la venta de documentos falsos de ANSES le da un alcance que un trato en la esquina no tiene. Y eso amplifica el riesgo para quien busca un atajo y no sabe que está comprando lo que no existe. La plataforma se vuelve, entonces, un canal de distribución para lo que no debería estar a la venta.
La imputación se sostiene con la entrega registrada y el material secuestrado en los allanamientos. Lo que viene ahora es el proceso, y la pregunta que queda en el aire: cómo se controla que en una plataforma abierta no se venda lo que no existe. La mujer de 44 años ya está imputada. Lo que falta es que el caso no se quede en la imputación y avance hacia una resolución que cierre la operación de una vez.