La rueda financiera del martes 27 de octubre arrancó con una señal mixta: los bonos argentinos en dólares recuperaron terreno, pero las acciones locales perdieron la inercia ganadora de la mañana. El termómetro de la Bolsa de Comercio de Buenos Aires marcó la tarde con una caída del 1,8%, a 97.468 puntos.
La operatoria estuvo teñida por la aversión inversora a los activos brasileños, luego de una súbita corrección en el mercado de San Pablo. El índice Bovespa pasó de una leve ganancia de 0,6% temprano a una pérdida de 0,5% por la tarde, y ese vaivén volvió a poner nerviosos a los negocios bursátiles de la región.
En Wall Street, el contraste se acentuó: los indicadores operaron con ganancias y el panel tecnológico Nasdaq subió 1,2%. Para los activos argentinos, el contraste fue más incómodo: los títulos soberanos en dólares mejoraron un 0,5% en promedio, con referencia en los Globales bajo ley de Nueva York.
El dato que más alivio dio en la plaza local fue la baja del riesgo país: cayó 24 unidades y quedó en 748 puntos básicos, luego de que el lunes anotara su nivel más alto desde el 24 de octubre de 2025. Para el inversor, cada punto básico es una señal de confianza; para el Estado, una ventana para negociar deuda y costos.
En el plano local, la lectura de mercado señala que Economía buscará renovar vencimientos de deuda en pesos por $10,8 billones, mientras la posición vendida del BCRA en dólar futuro se redujo drásticamente a USD 42 millones. Son números que, aunque parezcan de manual, terminan cruzándose con la economía real y con la provincia.
El ruido brasileño, en tanto, sigue siendo el factor de fondo. La lectura del mercado es clara: los precios de los activos venían incorporando mayores chances de un cambio de régimen desde mediados de agosto y se aceleraron después de los resultados de la primera vuelta. Hoy, el movimiento refleja esa lectura.
En el escenario brasileño, la nueva presidencia de Lula asume con un Congreso mucho más adverso y orientado hacia la derecha, tanto en la Cámara Baja como en el Senado. La aprobación de leyes quedará sujeta a la capacidad de negociar en un parlamento dividido, y el tema central será la política fiscal.
Los datos fiscales de septiembre muestran un déficit primario de 0,62% del PBI, bastante lejos del superávit de 0,25% de meta para fin de año, y un déficit financiero de 9,48% del PBI. Es el terreno donde se juega la confianza: no alcanza con el discurso, hay que mostrar números.
En el frente político, el Índice de Confianza en el Gobierno aumentó 0,9% mensual en octubre, hasta 39%, recuperándose parcialmente de la caída de 5,9% mensual de septiembre. El nivel actual se ubica 7% por debajo de octubre de 2025 y 31,6% por debajo de diciembre de 2023, cuando Milei asumió.
En comparación con otros gobiernos, el índice se encuentra 10,8% por encima de octubre de 2018, durante el tercer año de gestión de Mauricio Macri, y 52,4% por encima de octubre de 2022, bajo la presidencia de Alberto Fernández. El mercado, además, muestra preocupación creciente por las perspectivas electorales.
La aprobación se mantiene en niveles elevados, pero la volatilidad del último año fue una fuente de incertidumbre. La actividad económica y la capacidad del Gobierno para construir alianzas electorales serán los principales factores que determinarán el apoyo electoral en el corto plazo.
El petróleo crudo, por su parte, se negoció con ligera tendencia bajista: el barril de Brent para entregar en diciembre descontó 1,6% y quedó en 114 dólares. Con el riesgo país a la baja y el Merval a la pérdida, la semana se presenta como un termómetro de confianza: el mercado premia la estabilidad, pero castiga la incertidumbre.