El juicio de los Cuadernos volvió a ponerse en marcha con nuevas testimoniales frente al Tribunal Oral Federal 7. La expresidenta Cristina Kirchner y otros 85 acusados quedaron otra vez en el centro de un debate que sigue moviendo la agenda judicial nacional.
El tribunal está integrado por Enrique Méndez Signori, Fernando Canero y Germán Castelli, con Néstor Costabel como suplente. Es una formación que ya tiene nombre, apellido y función en uno de los procesos más extensos de la justicia federal argentina.
La fiscal Fabiana León lleva la acusación, mientras que la Unidad de Información Financiera, encabezada por Mariano Galpern, actúa como querella. En un juicio de estas dimensiones, cada actor tiene su lugar y su peso en la construcción de la prueba.
La Cámara Federal de Casación Penal puso fin este jueves al intento de medio centenar de acusados por evitar seguir sometidos al proceso. La idea era evitar el proceso a cambio de pagos millonarios como reparación del daño.
El dato no es menor: se trató de decenas de empresarios que intentaron salir del proceso con una fórmula económica. Que la Casación haya puesto fin a esa salida refuerza la idea de que el juicio no se detiene ante un cheque, sino ante el proceso.
Con la vuelta de las testimoniales, el debate vuelve a la sala. Los testigos vinculados a los acusados pasan a ser el termómetro de cómo se construye la prueba. Acá se juega, con cada declaración, la solidez de una causa que ya tiene nombre propio y peso político.
La causa Cuadernos no es un expediente cualquiera. Arranca con una acusación de corrupción que involucra a la expresidenta y a otros 85 acusados. Por eso cada paso procesal termina siendo leído como un termómetro del clima político y judicial del país.
En un juicio con 85 acusados, la complejidad no es menor. Hay nombres, empresas y dinero en juego. Las testimoniales y la prueba terminan siendo el terreno donde se define si la acusación se sostiene o se debilita.
La decisión de la Casación también manda una señal: no todos los caminos procesales se abren con una oferta económica. Para medio centenar de acusados, la puerta de la reparación del daño como salida se cerró. Ahora, el peso vuelve a caer sobre las declaraciones y la prueba.
El juicio sigue. Y con él, la expectativa de un país que observa cada movimiento de una causa que mezcla justicia, política y memoria institucional.