Menos papeles, menos trabas, más campo. El Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa) dio un paso concreto hacia la desburocratización del sector al eliminar más de 40 normas fitosanitarias que habían quedado obsoletas con el paso del tiempo y los cambios en la actividad productiva.
La medida apunta directamente a simplificar el marco regulatorio que rige sobre la producción agrícola y el comercio de productos fitosanitarios. En un sector donde cada trámite demás puede significar días perdidos, costos extras y operaciones trabadas, la eliminación de normativas desactualizadas no es un detalle administrativo: es una señal de gestión.
El objetivo declarado del organismo es reducir la burocracia y facilitar tanto la actividad productiva como el comercio, dos pilares fundamentales para una economía que depende en buena medida del desempeño del agro. Argentina exporta alimentos al mundo y cualquier fricción regulatoria innecesaria tiene un costo real sobre la cadena de valor.
La revisión de normativas obsoletas es una tarea que los organismos del Estado suelen postergar indefinidamente. Que Senasa haya avanzado en este sentido, con más de cuatro decenas de resoluciones eliminadas de un solo movimiento, marca una diferencia respecto a la inercia burocrática habitual. El desafío, claro, es que la simplificación no genere vacíos regulatorios que terminen complicando más de lo que resuelven. La calidad de la regulación importa tanto como la cantidad.