Una noche de festejo se convirtió en tragedia. Franco Depauli, de 46 años, murió en Cañuelas después de recibir un piedrazo en la cabeza en medio de disturbios que se desataron en una esquina céntrica de esa ciudad, mientras la gente celebraba el triunfo de la Selección Argentina ante Egipto.
Sus propios familiares lo trasladaron al hospital local, pero ya no había nada que hacer: Depauli llegó sin signos vitales. El festejo popular, ese ritual colectivo que mezcla euforia y calle, terminó con una muerte que nadie debería tener que explicar.
¿Cómo se llega a arrojar una piedra en medio de una celebración? Es la pregunta que queda flotando. Los disturbios en la esquina céntrica no fueron un accidente: alguien eligió la violencia en el momento en que el país entero estaba mirando una pelota.
Por el hecho fue detenido un joven de 20 años, cuya identidad no fue informada oficialmente. La causa quedó en manos de la justicia bonaerense, que deberá determinar la carátula definitiva del caso.
El triunfo de la Selección seguirá siendo noticia deportiva. La muerte de Franco Depauli es otra historia: la de una familia que salió a festejar y volvió a casa con un muerto.