Un nene que no se perdió. Esa es la hipótesis central que la fiscalía sostiene en el juicio por la desaparición de Loan Danilo Peña, ocurrida en junio de 2024 en la localidad correntina de 9 de Julio. Y lo que fue emergiendo en el debate oral es más oscuro que cualquier versión del accidente que algunos intentaron instalar.
La primera en romper el silencio fue Catalina Peña, abuela de Loan, quien declaró ante la Justicia que su hija Laudelina mintió bajo presión. «Vinieron tres hombres a decirle a Laudelina que tenía que decir que era un accidente, pero para mí era mentira», afirmó la mujer. Días después, la propia Laudelina reconoció ante la Justicia Federal que había falsificado su testimonio por presión de José Codazzi, abogado detenido por el rapto de otro menor en la localidad de Esquina, y del senador provincial oficialista Diego Pellegrini, quien le habría entregado 50.000 pesos como recompensa por su declaración.
El traslado de Laudelina desde 9 de Julio hasta la ciudad de Corrientes para declarar ante el fiscal general César Sotelo fue organizado por el propio Pellegrini y Codazzi. El ex gobernador Gustavo Valdés salió a celebrarlo en redes: «Se ha dado un gran paso en la resolución del Caso Loan». El problema es que ese paso resultó ser un paso en falso, fabricado.
La fiscalía reconstruyó la desaparición en etapas. En la primera, Bernardino Benítez, Daniel «Fierrito» Ramírez, Mónica Millapi y la propia Laudelina habrían apartado a Loan del cuidado de su padre José, llevándolo junto a otros niños hacia un naranjal, fuera del alcance visual de los adultos. Laudelina, además, habría convencido a otra adulta de regresar a la casa, dejando a los menores bajo el control exclusivo del grupo. Para los fiscales, ese movimiento fue deliberado y determinante.
En una segunda etapa, el matrimonio formado por Carlos Pérez y María Victoria Caillava habría retirado al nene del lugar en su camioneta Ford Ranger blanca. El dato que refuerza esa hipótesis: en el vehículo se detectaron rastros aromáticos compatibles con el menor. Ellos habrían concretado el traslado y dado inicio a la fase de ocultamiento.
El tercer engranaje fue el comisario Walter Maciel, acusado de construir un escenario falso de búsqueda desde las primeras horas. Según la acusación, obstaculizó la investigación, desvió las pesquisas y habría participado en montar la escena del extravío. El botín del nene, único rastro material hallado, sería parte de esa maniobra.
Lo que el juicio va dejando en claro es que la desaparición de Loan no fue un accidente ni una tragedia fortuita, sino una operación con roles asignados, encubrimiento activo y presiones sobre testigos. El debate oral sigue su curso con ese peso sobre la mesa.