El básquet entrerriano vive una crisis sin precedentes. Los árbitros de Paraná dijeron basta y suspendieron todas sus actividades tras las agresiones sufridas por dos colegas en el partido entre Unión de Crespo y Olimpia.
La Asociación Argentina de Árbitros de Básquet filial Paraná no se guardó nada en su comunicado. Repudió con dureza los hechos de violencia y declaró el estado de alerta en toda la región. La medida es contundente: no habrá árbitros hasta que existan garantías reales de seguridad.
¿Hasta cuándo vamos a tolerar que los jueces sean el blanco de la bronca descontrolada? Los dos árbitros agredidos después del encuentro entre Unión de Crespo y Olimpia son apenas la punta del iceberg de un problema que viene creciendo en el básquet entrerriano.
La decisión de la filial paranaense no es un capricho. Es una medida de fuerza necesaria ante la escalada de violencia que sufren los jueces partido tras partido. Sin árbitros, no hay básquet. Y sin garantías de seguridad, no hay árbitros dispuestos a exponerse.
Los dirigentes del básquet entrerriano tienen ahora una responsabilidad ineludible. Deben garantizar que los árbitros puedan cumplir su función sin temor a represalias. Porque cuando la violencia gana, el deporte pierde. Y todos salimos perdiendo.