¿Hasta dónde puede llegar alguien para borrar las huellas de un crimen? La investigación del ataque a balazos en Parque Gazzano tomó un giro inesperado cuando los fiscales comenzaron a sospechar que uno de los hermanos Gómez habría decidido tatuarse el cuerpo para confundir a los testigos que pudieran identificarlo.
La Fiscalía trabaja ahora en una línea que parece sacada de una película policial: el presunto atacante habría modificado su apariencia física de manera deliberada, sabiendo que varios vecinos del barrio lo habían visto durante el tiroteo. Una estrategia desesperada que, lejos de ayudarlo, terminó llamando más la atención de los investigadores.
Los fiscales buscan ahora acceder a los teléfonos celulares de ambos hermanos para reconstruir el mapa completo de contactos y comunicaciones previas al ataque. ¿Con quién hablaron? ¿Quién sabía lo que iba a pasar? Las respuestas podrían estar guardadas en esos dispositivos que ahora se convirtieron en piezas clave de la investigación.
El caso del Parque Gazzano sigue sumando elementos que muestran hasta qué punto la violencia urbana puede escalar. Los investigadores no descartan que el ataque haya sido planificado con anticipación, y los tatuajes recientes de uno de los sospechosos serían una prueba más de esa premeditación.
Mientras tanto, los vecinos del barrio siguen preguntándose cómo es posible que alguien piense que modificar su cuerpo va a ser suficiente para escapar de la justicia. La tecnología forense actual y el trabajo de los investigadores hacen que estas maniobras sean cada vez más inútiles, pero evidencian la mentalidad criminal de quienes creen que pueden actuar con total impunidad.