Un lobo marino anda perdido por las aguas del río Uruguay a la altura de Concordia, y las autoridades ya pusieron en marcha un operativo para encontrarlo antes de que la situación se complique. El animal, que claramente no pertenece a estas latitudes, fue visto primero en una isla frente a Salto Chico y después se movió hacia La Bianca, generando curiosidad y preocupación a partes iguales.
La veterinaria Paula Pitura tomó las riendas del asunto y fue clara con el mensaje a la comunidad: “Pedimos que no se acerquen, no le den de comer, no lo espanten ni le arrojen objetos”. La profesional sabe que la tentación de acercarse a un animal tan poco común en la zona puede ser grande, pero también conoce los riesgos que eso implica tanto para las personas como para el propio lobo marino.
Lo que más llama la atención es que este no es un caso aislado. Pitura ya se contactó con especialistas de Buenos Aires que manejan rescates de animales marinos, y según explicó, estos grupos ya intervinieron en situaciones similares en el río Paraná y otras localidades entrerrianas. ¿Será que estos animales están perdiendo el rumbo con mayor frecuencia? ¿O hay algo más que los está empujando hacia aguas dulces donde no deberían estar?
Para las próximas horas está confirmado un operativo conjunto con Prefectura Naval Argentina para localizar al ejemplar. Una vez que lo capturen, el plan es trasladarlo a un centro especializado donde pueda ser evaluado por profesionales antes de devolverlo a su hábitat natural. No es una tarea sencilla: estos animales pueden ser impredecibles cuando se sienten acorralados.
El lobo marino también fue avistado del lado uruguayo, en Salto, lo que confirma que el animal se está moviendo por una zona amplia del río. Las autoridades de ambos países están al tanto de la situación y coordinan acciones para evitar que el rescate se transforme en una persecución sin sentido por las aguas binacionales.
Mientras tanto, los rescatistas insisten en el mismo mensaje: si alguien lo ve, que avise inmediatamente pero no intervenga. La experiencia indica que estos operativos requieren paciencia, técnica y, sobre todo, que la gente no se meta donde no debe. El lobo marino ya tiene suficientes problemas estando tan lejos de casa como para que encima lo estresen con selfies o intentos de alimentación mal intencionados.