¿Qué puede generar más polémica en un pueblo entrerriano que nombrar Ciudadana Ilustre a una estrella del pop? En Nogoyá lo descubrieron anoche cuando la viceintendenta Desiré Peñaloza se levantó de su banca y abandonó el recinto del Concejo Deliberante justo antes de que se vote el reconocimiento a Emilia Mernes.
El proyecto llegó desde el Ejecutivo municipal con todas las de ganar, pero no contaba con la resistencia interna que se cocinaba en las bancas opositoras. Peñaloza no se guardó nada y expresó públicamente su desacuerdo con la iniciativa que busca distinguir a la cantante de “Rápido Lento” con el máximo reconocimiento que otorga la ciudad.
La tensión se cortaba con cuchillo en el recinto nogoyaense. Mientras los impulsores del proyecto defendían la trayectoria artística de Mernes y su proyección nacional, la viceintendenta marcó su posición con un gesto que habla más que mil palabras: levantarse y marcharse antes de la votación.
El reconocimiento finalmente se aprobó, pero el papelón político ya estaba consumado. En una ciudad donde todos se conocen, que la segunda autoridad municipal se retire en plena sesión por una distinción a una figura del espectáculo genera más ruido que cualquier escándalo de corrupción.
¿Era necesario tanto protocolo para una cantante de pop? ¿O la resistencia de Peñaloza esconde diferencias más profundas con la gestión municipal? Lo cierto es que Nogoyá amaneció dividida entre los fans de la intérprete y quienes consideran que el título de Ciudadana Ilustre debería reservarse para otros méritos.
La polémica deja en evidencia las grietas internas del oficialismo nogoyaense y convierte a Emilia Mernes en protagonista involuntaria de una crisis política que promete dar que hablar en los próximos días.