¿Qué puede ser peor para un arquero que lastimarse las manos? Emiliano Martínez lo sabe bien y por eso sus declaraciones después de la final europea que ganó el Aston Villa encendieron todas las alarmas en el predio de Ezeiza.
“Me rompí un dedo“, fue la frase que el Dibu soltó casi al pasar en la conferencia de prensa, después de levantar el trofeo tras vencer al Friburgo en Turquía. Una declaración que cayó como un balde de agua fría en la AFA, considerando que faltan pocos meses para el Mundial 2026.
El arquero marplatense reveló que la lesión ocurrió durante la entrada en calor, minutos antes del partido más importante de la temporada para su club. Sin embargo, decidió no decir nada y jugó los 90 minutos completos, manteniendo su arco en cero y siendo figura en la definición por penales.
“No le dije nada a nadie porque era la final. Me dolía, pero aguanté”, explicó el guardameta, que se mostró orgulloso de haber resistido el dolor para ayudar a su equipo. La valentía del Dibu es incuestionable, pero su sinceridad post-partido generó más de un dolor de cabeza en la dirigencia albiceleste.
Desde Birmingham confirmaron que el arquero se someterá a estudios médicos en las próximas horas para determinar la gravedad de la lesión. Los primeros reportes hablan de una fisura menor en el dedo índice de la mano derecha, pero hasta no tener el parte médico oficial, la incertidumbre reina en el ambiente de la Selección.
El cuerpo técnico de Scaloni ya está evaluando alternativas por las dudas. Franco Armani y Juan Musso aparecen como las opciones más firmes si el Dibu no llega en condiciones óptimas a la cita mundialista. Una situación que nadie quería vivir a esta altura del proceso.
La ironía es cruel: el mismo arquero que nos salvó en Qatar 2022 con sus atajadas heroicas, ahora genera preocupación por una lesión que se produjo antes de brillar una vez más bajo los tres palos. El Mundial está a la vuelta de la esquina y Argentina no puede permitirse perder a su guardián.